Oasis


El viajero, casi exhausto, creyó ver a lo lejos algo que interrumpía el monótono paisaje. Se sorprendió obteniendo de sus cansadas piernas una velocidad imposible para su estado físico. Conforme se acercaba fue confirmando sus ilusiones. Efectivamente, se trataba de un oasis. Llegó hasta una pequeña fuente de la que manaba un líquido algo blancuzco, casi transparente, puso la mano a modo de cuenco y bebió. Era agua. Simplemente agua, con un  cierto regusto entre dulce y áspero muy difícil de definir, pero agua al fin y al cabo. Y como agua cumplió su función y alivió la sed del viajero. Luego, se echó a la sombra de lo que parecía un alcornoque, se sorprendió de encontrar este árbol en la zona, pero no tenía el cuerpo para análisis, se acomodó y se quedo dormido.

El sueño no fue del todo plácido. Se sobresaltaba continuamente por cualquier ruido, por cualquier olor que a pesar del sueño le llegaba nítido. Mientras dormía oyó un entrechocar de lo que parecían pequeñas esferas de cristal. No le molestó el ruido. Al contrario, después del primer sobresalto le sirvió de arrullo, como cuando estando de acampada en la playa el batir de las olas le iba transportando al sueño. También oyó un ruido que no identificaba pero que le era muy familiar. Por algún motivo este ruido si le sobrecogió. No consiguió despertarlo pero si le pellizcó en lo mas hondo. Buscó entre sus recuerdos algo que le ayudara a identificar ese ruido, pero cada vez que creía estar a punto de conseguirlo, le sobrevenía una angustiosa punzada en el estómago y perdía el hilo de sus recuerdos. Luego, el ruido volvía de nuevo, lúgubre, desafiante y huidizo. Durante todo el sueño percibió distintos olores que fue identificando, eran olores de su niñez. El olor del membrillo, de las hojas amarillentas de las novelas sacadas de aquel viejo baúl, el olor del celta corto, el olor del miedo, el olor de la cobardía, el olor del desprecio, el olor de la amistad, incluso llegó a percibir el olor de la vida. Luego sería incapaz de describirlos, pero asegura que los percibió.

Despertó de pronto muy asustado. Había identificado el ruido. Fue en un momento que coincidieron el ruido y el olor del miedo. En ese momento supo que era lo que escuchaba. Era el silencio, pero no el silencio que acompaña y piensa contigo. No. Era el silencio oscuro, el silencio que impone el miedo. Miró a su alrededor y descubrió que el alcornoque era de cartón piedra, que la fuente de la que había bebido era en realidad una pequeña acequia de agua jabonosa y estuvo a punto de caer en la desesperación, pero luego pensó: – Al fin y al cabo he saciado la sed y he obtenido una sombra donde descansar para poder seguir caminando.

2 responses to this post.

  1. Posted by Eloy on 28 diciembre, 2007 at 0:45

    Quizás si hay un lugar donde la riqueza y la pobreza en su grado máximo de expresión  pueden lograr encontrarse, sin duda este lugar  es el ser humano.
    Nuestra pobreza para entender el discurrir de la  existencia es en extremo lamentable y nos conduciría sin duda al suicidio o la locura, sino lográsemos compensarla con esa gran riqueza que posemos y con la que podemos transformar  en soportable lo insoportable e incluso sacarle algo de placer y belleza.
    ¿Hay algún oasis real?…inventar, imaginar, creer, afrontar, despreciar y disfrutar, creo que son los motores que nos permiten vivir la vida. El problema amigo Miguel como siempre se encuentra en el cómo. Vivimos rodeados de vendedores de soluciones, de impositores de fórmulas.  En mi opinión (que nadie la haga suya porque no le servirá) las soluciones y fórmulas se han de encontrar sobre la marcha y si hay un lugar donde encontrarlas, no es fuera de nosotros (sin importar que la practique  o la emplee una mayoría, o una minoría)… creo que se encuentra dentro de nosotros porque nadie puede vivir la vida por nadie ni morir tampoco por nadie.
    Disculpa la perorata Miguel pero acabo de llegar de pasar cinco días de “retiro” y como dicen mis hijos y mi esposa, hay que dejarme un rato que me explaye..y como bien sabes, ¿Quién mejor que un amigo para aguantar el chaparrón?
    Un abrazo y sigue disfrutando de la parte “civil” de estas fiestas.

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