Sobre elegancias


 

Esto de la elegancia, va en gustos, como casi todo en este valle de lágrimas. Me refiero a la segunda acepción que le da la RAE; forma bella de expresar los pensamientos.

Elegancia tenía (tiene) Juan Ramón Jiménez a chorros de plata azul y elegancia tenía (tiene) Camilo José Cela viajando las españas y aliviando el vientre en un hito kilométrico. Lo que viene a querer decir, que cuando lo que se piensa tiene alguna enjundia y el pensador cierta bondad de ser y hacer, da igual que lo vistas de seda o de percal, el resultado es necesariamente elegante. Por el contrario, aunque el pensamiento resulte enjundioso, si no existe bondad en su transmisión, la elegancia ni se asoma. Si además, el pensamiento resulta huero, entonces la chabacanería campa por sus respetos.

No siempre se puede apreciar la enjundia de un pensamiento, ni si lo que lo viste son galas o perifollo. Supongo que la comparación con lo ya contrastado puede ayudar, y si no, que cada cual aplique su juicio, que como dije al principio, casi todo va en gustos. Yo ya me entiendo.

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