Leyendo el paisanaje (El centinela)


 

Hoy domingo, me he dado el casi habitual paseo por la librería de la Obra Social que está en la calle San Marcial a la siniestra mano, que diría Cela, de la Catedral. Luego de elegir cuatro libros y llevarme la alegría de que costaban la mitad de lo que marcaban, decidí caminar hasta el parque San Telmo, atravesando para ello la calle Mayor de Triana y allí, sentarme en un banco y leer un rato.

Una vez llegado al parque, me dispuse a empezar a leer uno de los libros recién adquiridos, en concreto, Mis Paraísos Artificiales de Umbral. Leí los dos primero artículos y de pronto, cerré el libro y me puse a mirar a la gente, luego de un rato observando, decidí dejar definitivamente el libro en la bolsa, junto a los otros tres y me dispuse a leer, pero esta vez no en las hojas mas o menos ajadas del libro, sino, en el paisanaje que quieto o andariego se ponía al alcance de mi vista.

Frente al banco de piedra en el que me senté, se encuentra lo que antiguamente fue la sede del Gobierno Militar de Las Palmas de Gran Canaria y que hoy, sigue siendo sede de algún departamento militar que ignoro como se llama. Cuando mi hijo hacía guardia ahí, le llamaba; palacio. Allí en la puerta, efectivamente, había un soldado de guardia. Hasta aquí, todo normal. Lo que llamó mi atención fueron dos cosas.

La primera cosa; el uniforme del infante (de infantería). Se trataba de un traje de camuflaje que hoy llaman “mimeta”, de esos que tienen varias tonalidades de verde, pretendiendo parecer un paisaje selvático, que digo yo, que para la selva e incluso el bosque, deben ser muy efectivos y cumplir su misión de camuflaje pero que en la puerta principal de un palacio de estilo modernista, en lugar de mimetizarse con el mismo, justo hace la función contraria y convierte al centinela en un ser visible a mucha distancia. Probablemente en la función de centinela en dicho palacio, no tenga excesiva importancia que se te vea mas o menos, pero el estamento militar debe tener un uniforme para cada ocasión, y en las guardias de los lugares donde entran y salen con frecuencia, oficiales, jefes y generales, siempre se usó el uniforme de “bonito” con los guantes blancos incluidos, que se mire por donde se mire, es mucho mas adecuado para la ocasión.

La segunda cosa; el aire del infante. Tenía yo para mí, que con esto de que el ejercito se ha convertido en refugio de parados, la marcialidad, chulería y prepotencia, había ido desapareciendo. Todo lo contrario, no solo no ha desaparecido, sino, que se ha hecho presente en la clase de tropa (la cabra siempre tira al monte), que antes, salvo deshonrosas excepciones, brillaba por su ausencia, salvo en el caso de los cabos primeros, que pese a ser clase de tropa, estaban asimilados a la suboficialidad y en realidad, no eran ni carne ni pescado, pero chulos y prepotentes como un general con la “Laureada”. El infante en cuestión, estaba parado, que dicen en Sudamérica, con las piernas ligeramente separadas, la espalda recta, los hombros tirando hacía atrás, los brazos cruzados por encima del diafragma y la mirada puesta en algún punto de la lejanía. Al verlo, la imagen que me vino a la mente, me produjo un cierto escalofrío. Esta imagen, no fue otra que verme en formación en el patio del campamento de Rabasa (Alicante), el día de la Jura de Bandera y el general Milans del Bosch, sí, ese Milans del Bosch, pasando revista de pie sobre un jeep.

¡Qué poder de evocación tiene un centinela!

One response to this post.

  1. Posted by Eloy on 24 mayo, 2009 at 23:08

    Esta entrada me ha gustado mucho. Tu foto ha salido "cojonuda", el ángulo de enfoque adecuado y el colorido correcto… pero como el ojo humano ayudado por la mente supera por mucho la mejor cámara del mundo, pues para demostrarlo ha captado también un poco del fondo ( el alma) del personaje retratado, con evocación a tiempos pasados incluida. Hay que ver como cambian los uniformes y que al día se ponen…pero que poquito los fondos…siempre repitiendo hasta aburrir los mismos fondos "¿Cabalgamos Sancho?" Y Sancho ( en este caso me permito suplantarlo) le responde…"marcharíamos Señor si dejásemos de dar vueltass a esta noria sin agua y nos dirigiésemos al arroyo que se percibe a lo lejos." Perdón por extenderme tanto. Un abrazo Miguel.

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