Natalio Jiménez, alias el Carbón


 

Al Natalio Jiménez, todo el mundo le llamaba el Carbón. En realidad, el alias no era mas que un anagrama, lo que la gente realmente le quería llamar era cabrón, pero no se atrevían. El Natalio era cabrón en óptimo señalamiento, pues además de cornudo por parte de su señora, Críspula Gutiérrez la Tapu, anagrama por el oficio, también era hijoputa por parte de su mala baba.

No sabría yo decir si la mala baba era por los cuernos o los cuernos por la mala baba, aunque los que conocen de lejos al matrimonio dicen que nada tiene que ver una cosa con la otra. La Tapu era puta antes de conocer al Carbón y éste ya era merecedor del mote bien ordenado antes de casarse.

Además el Carbón tiene mal vino, aunque los que lo conocen dicen que no, que el vino es la excusa para sacar su mala baba a pasear. Un día entró en la taberna un forastero y pidió un güisqui, el Carbón se puso chulito y le dijo al forastero que eso era bebida de maricones, que se bebiera un copazo de cazalla que él tenía mucho gusto en invitarle. El forastero, sin ganas de mucho lío, le contestó que muchas gracias, que si tenía el capricho de invitarle, él le aceptaba que pagara el güisqui pero que la cazalla no era de su agrado. El Carbón se puso hecho un basilisco, que si a él no le despreciaba nadie una invitación, que si eso era bebida de maricones y que se bebiera una cazalla o iban a tener más que palabras. El forastero volvió a decirle con buenos modales que no quería ofender a nadie pero que él no bebía otra cosa que no fuera güisqui. Que si maricón, que si sal "pa" fuera, que si te voy a hacer un hombre de un guantazo. El forastero, luego de agotar toda la paciencia, que fue mucha y todos los buenos modales, que fueron excesivos, le soltó dos hostias sin avisar y le rompió el tabique nasal, cuatro dientes delanteros y la ceja izquierda. El Carbón se levantó, llamó al camarero y le dijo: ponme un güisqui que tengo mucho gusto en aceptar la invitación de aquí el forastero. Desde entonces, el Carbón a pesar de la falta de dientes, no perdido la mala baba, pero los forasteros pueden beber en la taberna del pueblo lo que se les ponga en el escroto, vulgo bolsa los güevos.

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