Historia de una generosidad


 

Creo haber dicho en alguna ocasión, que no soy coleccionista de dedicatorias o autógrafos, los pocos que tengo, son de amigos que han publicado algún libro y como excepción, tengo un libro dedicado por Juan R. Tramunt, que me lo dedicó en una feria del libro, pero después de un rato de charla sobre literatura, de manera que aunque era un acto comercial, al menos sentí que cuando me lo dedicaba, no lo hacía a un completo desconocido.

Dicho lo que antecede, lo cierto es, que un día, en el rastro, encontré este libro de Francisco Tarajano Pérez. Se trata de una recopilación de coplas y cantares populares de Canarias, ordenados por temas y muy bien hecha y cuidada. Enseguida que lo compré, pensé en pedirle a Don Francisco que me lo dedicara. Me había sido presentado por mi amigo y también poeta Olegario Marrero y sé que tienen una pequeña tertulia en la horchatería que está frente al antiguo Cine Capitol. Así que me propuse pasar por allí con el libro y a través de Olegario, solicitarle la dedicatoria.

Por supuesto, el día que lo vi en la horchatería, ni tenía el libro, ni estaba Olegario para avalarme. Pensé seguir de largo y esperar otra ocasión, pero como la pintan calva y Don Francisco y yo, vamos sobrados de pelo y yo voy sobrado de descaro, me dirigí al decano de los poetas grancanarios, le recordé que nos había presentado nuestro común amigo Olegario y acto seguido, le solicité la dedicatoria en un papel que le pedimos a alguien que estaba vendiendo algo dentro de la horchatería. Don Francisco, haciendo alarde de su generosidad, me escribió los versos que a continuación podéis encontrar. Ignoro si son inéditos, a pesar de mi descaro, no me atreví a preguntárselo. Lo fueran o no, yo salí de allí como un niño estrenando zapatos. Gracias Olegario, gracias Don Francisco.

Canarias canta

De azul, amarillo y blanco,
pinté a mi niña la cuna
porque quise que durmiera
más canaria que ninguna
y puse en la cabecera
las sietes verdes estrellas
para que feliz soñara
en su patria de Canarias.

 

Adiós ventana querida
y dile a la que te cierra
que así Dios me quiera a mí
como yo la quiero a ella.
                                               Para
                                                    Miguel
con el afecto de
Francisco Tarajano Pérez

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