De caminos. caminantes, fiestas, empalagos y acíbar


 

La vida transcurre por caminos a veces plácidos y a veces poco transitables. Y por esos mismos caminos transcurrimos los titulares de la vida, es decir, nosotros, que también somos, a veces plácidos y a veces no ya poco transitables, si no más bien, directamente intransitables.

Con esto de las fiestas navideñas, ocurre poco más o menos lo mismo. Te encuentras gente que te hace subir los niveles de glucemia en la sangre hasta marcas verdaderamente peligrosas, con sus buenos deseos de paz, amor y el plus “pal” salón, y gente que te pone directamente al borde de un ataque de hipoglucemia, con sus acusaciones de consumismo e hipocresía.

Ni tanto, ni tan calvo. Lo cortés no quita lo valiente y además los Reyes Magos están mirando, así que vamos a tener un poco de comedimiento, tanto en lo mucho, como en lo poco, que ya se sabe que en el termino medio, sólo está la mitad, pero eso, tampoco es malo. Vamos a dejarnos de tanta paz y amor, de tantos dulces y empalagosos buenos deseos y limitémonos a felicitarnos, ya sea por convicción religiosa, ya por costumbre antropológica, sin edulcorados alardes. Y procuremos también contestar a esas felicitaciones, si no con adhesión inquebrantable, si al menos con respetuosa reciprocidad.

Que al fin y al cabo, si alguien te desea felices fiestas, al menos en apariencia no se está cagando en tu madre. Digo yo.

2 responses to this post.

  1. Jeje, por los títulos me los imaginaba al contrario, hasta ahí tienes que desconcertar.
    Fíjate que lo de desear Feliz Navidad si que me gusta, sobre todo a los desconocidos, me pone de buen humor no sé porqué, es la sensación de que todos estamos participando de lo mismo supongo.
    No me gusta que me regalen perfumes ni libros a no ser que se haya cogido la indirecta de que perfume o que libro concreto quiero, si no, no suelen acertar nunca.
    Los juegos menos, odio los juegos de mesa, todos, me parecen el recurso de los aburridos que no tienen nada que decirse ni saben tener una conversación ingeniosa y amena, pero es una apreciación mía muy personal con la que no suelo hacer amigos, al contrario, me dicen que la aburrida soy yo por no querer jugar.
    Besos

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    • Sí, lo mío siempre es jugar al despiste. ¡Así me va! Fíjate que están escritos con un año de diferencia y sin ningún tipo de conexión entre ellos. Bueno sí, la conexión, obviamente, soy yo y mis toboganes.
      Un beso de tu rendido admirador, que lo es, Juan.

      Responder

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