Las batallas que no merecen lucharse


 

Las obras de arte tienen como cualidad principal, no digo única, la de emocionarnos. Los muebles, ropa y utensilios de nuestra vida diaria, tienen o deben tener como cualidad la de hacernos más confortable la misma. Todos estos son objetos inanimados y, o bien tienen la facultad de permanecer inalterables, y por tanto, cumplir siempre su misión, o bien están sujetos a modas o deterioro y sin mayor preocupación que la puramente económica, procedemos a sustituirlos.

Las plantas, a pesar de ser seres vivos, y con los matices que cada cual quiera aplicar, funcionan en nuestra vida, más o menos como los objetos anteriores. En el caso de las mascotas, ya entran en juego otras consideraciones de carácter sentimental y afectivo que hacen que nuestra relación con ellas se parezca un poco más a las relaciones humanas.

Vamos a dejar por tanto a un lado a las mascotas y digamos, que en nuestra decisión de elegir; obras de arte, muebles, ropa, utensilios, etc., un componente importante es la belleza, con lo de subjetivo que pueda tener este concepto, pero no cabe duda que a la hora de decidir la adquisición, inconvenientes económicos al margen, el que nos entre por los ojos suele ser una condición determinante.

Pasemos ahora a las relaciones de pareja, que era en realidad adonde quería llegar. Por supuesto que el atractivo físico suele ser el primer condicionante para acercarnos a otra persona con intención de hacerle el amor (ojo, me refiero a la acepción antigua: cortejar, aunque por supuesto, cabe la acepción moderna, tampoco hay que desaprovechar oportunidades). Una vez que la relación queda establecida, y sigo hablando por el plan antiguo, es decir, se forma la pareja con proyecto de vida en común, establecimiento de un hogar y convivencia con vocación de perdurar, la atracción física sigue siendo importante, pero, lógicamente han entrado en juego otras cualidades y otras calidades, que conforme transcurra el tiempo, le deben ir ganando terreno al atractivo físico.

Por supuesto que la pujanza física podemos alargarla mediante cuidados, ejercicios, vida sana, etc. Pero no es menos cierto, que el paso de la vida por nuestro cuerpo, va dejando unas huellas de acontecimientos compartidos con tu pareja, que hacen que esta arruga que se formó cuando estabas preocupado por los estudios de tu hijo, aquel michelín que surgió cuando tuviste que cuidar a tu suegra durante meses y que luego fue imposible perder o aquel puente en la boca por no poder acudir a tiempo a un dentista porque era más importante la carrera de tu hija, tengan otro tipo de atractivo, no será de arrebatadora pasión, pero sí de cálida ternura.

La batalla contra la decadencia física está perdida de antemano. Mantenerse atractivo para tu pareja es importante. Pero, lo realmente importante, es sentirse orgulloso de lo vivido juntos e ilusionado por lo que queda por compartir.

One response to this post.

  1. Posted by Carolina on 22 enero, 2010 at 16:15

    Muchísimas gracias, de todo corazón. Es algo muy difícil preguntarse porqué una pareja no ha funcionado pero una vez masticados todos los argumentos sólo cabe responder con aquello de "si uno no quiere dos no pelean" yo añado ni tienen futuro. No cuenta nada más. Odio la cobardía del que permanece a tu lado sin querer haciendote la vida un lugar inhóspito. Gracias, pero prefiero disfrutarla con todos mis defectos alegres y felices.

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