Divagaciones sobre la imbecilidad


A estas alturas de mi escalada, aun no tengo claro si los imbéciles se reproducen por esporas, por generación espontánea o si de verdad son fruto de dos personas que en algún momento se sintieron atraídas y “jincaron” con alegría y placer. Si fuera este último el caso, sería una prueba más de que dios, o no existe, o es un poco bromista tirando a cabroncete. No estaría justificado ni aun en el caso de un “aquí te pillo aquí te mato”.

La reflexión anterior, me lleva a pensar que los imbéciles no nacen, se hacen, aunque es muy probable que algunos vengan predispuestos de la cuna. ¿Qué digo de la cuna? de la placenta, por lo bien terminados que quedan, que digo yo, que si no hay una predisposición genética no se explica tanta perfección. La cuestión a investigar sería: ¿qué hace que un niño* sano, guapo, listo, orgullo de sus padres y envidia de sus vecinos, cuando crece y empieza a relacionarse con su entorno, una vez pasada la edad de la mili, aunque ésta ya no exista, se convierta en un imbécil integral? Seguro que alguna universidad norteamericana con nombre de polo pijo ha hecho el estudio, pero a mí no me ha llegado.

Otra cuestión a estudiar sería la relación entre imbecilidad y poder. A primera vista parecería que cuanto más poder tienes, más imbécil eres, aunque también cabría la viceversa, es decir, cuanto más imbécil eres, más posibilidades de alcanzar poder tienes. Aunque ahora que lo pienso, a lo mejor hay imbéciles en todos los ámbitos humanos, pero sólo nos afectan, o por mejor señalar, sólo nos tocan los huevos a dos manos, aquellos que tienen algún tipo de poder sobre nosotros, sea éste el que sea. No es lo mismo que te babee una imbecilidad un tío al que puedes ignorar, e incluso hacer que se traga sus imbéciles babas, a que lo haga uno que te pueda subir los impuestos o bajar el sueldo, e incluso hacer que las babas te las tragues tú, por poner ejemplos cotidianos de imbecilidad.

En fin, que el mundo está sobrepoblado de imbéciles y algunos, tenemos blog y lo cascamos.

* Aclaro que utilizo el masculino como genérico, por tanto, hablo por igual de niño o niña, imbéciles e imbécilas, por si alguna miembra del Gobierno me leyera, que no creo que se entretenga, pero pudiera tener lacayos o lacayas que le hicieran la función.

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