Como perros y gatos


Dice Olegario Marrero, y creo que dice bien y con espíritu aleccionador:

No te subas en el tono
Y ponte a bien y seguro,
Que al claro sigue lo oscuro,
Ya que no hay dios sin demonio.

Y dijo algún sabio popular que: lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Resumen y compendio de todo el saber humano, mucho más allá del legendario “solo sé que no sé nada”.

Si todo esto es palmario y evidente ¿por qué nos cabreamos como fieras corrupias cuando se cumple sin remedio el axioma? ¿Por qué cuando un escorpión, al que acariciamos, nos clava su aguijón, nos quedamos en treinta y tres?

Quizás, lo que nos cabrea es el no conseguir que los días y las noches transcurran, no la una del otro en pos y de forma sucesiva, como es ley, si no a nuestra voluntad y capricho. Eso, es pecado de soberbia. No es cabezonería del día ni de la noche, es imposibilidad de mudar las leyes de la naturaleza. Aunque también es cierto que si vivimos lo suficiente “cosas veredes, Sancho, que farán fablar las piedras”. De manera que quizás no se deba “abandonar toda esperanza”, como escribió el Dante a las puertas del infierno, pero tampoco confiar a ojos cerrados en la santa providencia, que ni suele ser santa, ni suele ser buena proveedora.

Dejemos que el perro ladre y el gato maúlle, lo contrario, haría “fablar  las piedras” y tal vez no ha sido llegado el momento, ni estamos preparados aun para tal suceso.

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