El Dragón y las niponas.


SANCHEZ DRAGO DESNUDO Otro Auto de fe en la plaza pública. A Fernando Sánchez Dragó le ha venido dios a ver con su polémica y según él, literaria, que no literal, confesión de haberse trajinado a unas japonesitas de trece años. No digo yo ni que sí ni que no, pero tampoco quiero que me cuente el cuento de la buena pipa.

Le han caído encima desde todos los sectores. Cadenas de televisión que trafican de forma vergonzante con las miserias humanas, comunicadores de radio que prestan su imagen para vender a precio de milagro, productos que no llegan ni a placebo, políticos que, como mínimo, miran para otro lado cuando sus compañeros meten la mano en la caja pública, etc., etc., etc.

Y está bien que lo hagan. Ya que están incapacitados para la autocrítica, que al menos ejerzan la crítica, pero que no sean tramposos.

Sánchez Dragó no ha confesado ningún delito, puesto que por lo que tengo entendido, ni aquí ni en Japón, es delito tener relaciones sexuales con niñas, porque sí, son niñas, de trece años, si estas relaciones son consentidas. Tampoco está haciendo apología de la pederastia, pues que yo sepa, no ha abogado por los abusos sexuales a menores. Y el pedir que se retiren sus libros de las librerías, no es más que un ramalazo de carpetovetonismo.

En mi opinión, Sánchez Dragó es un histriónico, que juega a “enfant terrible” y que como casi todos los “enfants terribles” terminan viendo a la virgen descolgándose de una encina. Es lo que tiene el ácido lisérgico. Ignoro si es buen escritor o no. Sólo he leído “La del alba sería” y me quitó las ganas de emprenderla con un título más extenso como es “Gargoris y Habidis” que lleva años en mi biblioteca esperando turno. En “La del alba sería” se pasa las páginas anunciando las cosas increíbles que le han pasado y que nos va a contar, pero que no cuenta por ningún lado. A menos que él y yo tengamos distinto concepto de lo increíble, que también pudiera ser.

Otrosí digo: pelín cobarde si que ha resultado, pues en cuanto ha visto la que le caía encima, en lugar de sostenella y no enmendalla, va y dice que no hubo tal, que sólo un intercambio de miradas, algún pequeño magreo y marchóse con el rabo abultado entre las piernas, lo demás ha sido un juego literario. La verdad, quedar como viejo verde y pervertido para esto, no se paga ni con mastercard. Para babear ante unas jovencitas de manera literaria, ya tenemos a Yasunari Kawabata o a García Márquez.

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