¡Qué se va el lobo! ¡Qué se va el lobo!


Erase una vez un pastor que formaba parte de una cuadrilla de pastores. Este pastor tenía una característica curiosa, se pasaba el día hablando bien del lobo. Decía que el lobo en realidad era bueno, que los malos eran los pastores, que encerraban al rebaño en el aprisco a cal y canto y no les dejaban libertad.

El pastor, como estaba convencido de que lo que hacía el lobo era por el bien del rebaño, pues le dejaba siempre alguna puerta abierta para que pudiera entrar en el aprisco y coger la oveja que le apeteciera.  A veces ocurría que, como el lobo tenía que salir de estampida para que no los cogieran los demás pastores, pues aparte de matar y comerse la oveja que quería, además mataba o mutilaba a dentelladas a otras ovejas que estuvieran cerca.

Un buen día, los demás pastores se dieron cuenta de que no podían seguir compartiendo la vigilancia del rebaño con el pastor lobófilo y decidieron echarlo de su cuadrilla. Desde ese momento, el pastor se dedicó a pedir que lo dejaran entrar de nuevo en la cuadrilla, pues en realidad el lobo ya no era tan feroz. Para ello, una y otra vez enseñaba cartas del lobo en las que prometía que iba a dejar de comerse a las ovejas, se iba a hacer vegetariano y dejaría que sus colmillos se embotaran para que no fueran peligrosos. Eso sí, siempre que le dejaran a él elegir los pastores, le dejaran añadir otros rebaños que el consideraba que deberían estar unidos y en definitiva, las ovejas llevaran el régimen de vida que él decidiera.

Los demás pastores, alguna vez creyeron al lobo y a su pastor y decidieron hablar con el lobo para negociar esas condiciones que quería imponer y dejaron que el pastor entrara de nuevo en la cuadrilla. Pero mientras tanto, el lobo, en lugar de dejar que los colmillos se le embotaran, lo que hizo fue, que aprovechando que los pastores andaban relajados, se dedicó a afilar más sus colmillos y en cuanto los tuvo a punto ¡zas! se comió a otras dos ovejas sin avisar. Esta estrategia la utilizó el lobo en varias ocasiones.

Los pastores caían una y otra vez en las trampas del lobo y el pastor traidor. Hasta que un día, decidieron que ya nunca más creerían, ni al pastor, ni al lobo y que la única manera de que el pastor volviera a entrar en la cuadrilla era, entregando al lobo atado de pies y manos y sin dentadura.

Hoy, de nuevo el lobo ha enviado una carta en la que anuncia que se va a sacar todos los dientes, pero eso sí, si se aceptan de nuevo todas sus condiciones y el dentista que verifique que se ha sacado la dentadura, lo elija él.

Es de suponer que los pastores no caerán en la trampa.

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