Sobre necesidades y placeres


Siempre que me doy un empacho de lectura, me hago la misma pregunta. ¿Por qué escribo? Con la cantidad de gente que ha dicho ya cualquier cosa que yo pueda decir y además mucho mejor. ¿Qué me hace suponer que tengo algo que decir? y sobretodo ¿qué me hace suponer que cualquier ocurrencia mía puede interesar a alguien? excepción, cariñosa, generosa y honrosa, hecha, de familiares y amigos y ni mucho menos todos.

– ¿Hoy toca la vena autocrítica?

– Lo que no toca es que aparezca usted. Esto no es un retrato.

– Cuando termine su artículo me lo cuenta. Pero, al grano: ¿tiene respuesta para la pregunta que se hizo al inicio?

Escribo por necesidad. Leo por placer. Siempre. No desde siempre, pero sí desde hace ya muchos años. Pero siento la necesidad de escribir. Lo ideal sería que, junto con la necesidad, en el mismo lote, viniera algo interesante que decir-escribir y alguna dosis de maestría para decirlo-escribirlo. Pero casi siempre se cumple el refrán que reza: Dios le da pan a quien no tiene dientes.

– Qué le veo venir, cristiano. Usted lo que pretende es auto flagelarse, para que las almas caritativas que puedan leer esto, le quiten el látigo de la mano y le apliquen árnica en forma de comentarios laudatorios.

– Usted, además de entrometido, tiene mucha mala baba y muy buena puntería. No le digo que no busque eso que usted dice, pero sí le aseguro que no es el principal objetivo.

Lo que quiero decir, y creo que lo he dicho con anterioridad, en alguna otra entrada, es que leyendo a ciertos autores, a uno le entran ganas de copiar y pegar y dejarse de historias. Ya lo hago, en la sección “Aportaciones de otros”, pero cuando leo a Umbral, Cela, Pérez-Reverte, Dumas, Sabatini, Vargas Llosa,  Baroja y tantos otros, me tienta borrar el resto de secciones y dejar sólo ésa.

– Y ahora aprovecha para dentro de su ejercicio de falsa modestia, dejar caer su cultura literaria, a todas luces mas falsa que su modestia. No se puede mezclar en el mismo saco a Cela y Baroja, o Umbral y Dumas, por ejemplo.

– Mucha más mala baba que puntería tiene usted. Aquí se ha columpiado amigo, ni hay falsa modestia, ni presunción de cultura literaria, falsa o cierta. En cuanto a las mezclas, las hace usted. Yo diferencio un Ribera del Duero de un whisky de malta y ni se me ocurre mezclarlos, pero los disfruto ambos, cada uno en su momento.

De todas formas y como declaración de principios, si alguna vez la lectura consigue desanimarme a escribir definitivamente, prometo no dejar de leer.

Siempre que me sea dado elegir, elegiré el placer antes que la necesidad.

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