Los viejos amigos (tercera entrega)


vino en copa – Espera, espera. Vamos a hacer las cosas bien. – Dijo Juan.

Y levantándose, se acercó de nuevo al bar donde compró la botella y le pidió dos copas al camarero. Otros veinte del ala. Volvió al banco, junto a Luis y alargándole una de las copas, le dijo:

– Vamos a bebernos esta botella como Dios manda. El buen vino… en cristal fino. – Y escanció en las dos copas.

– ¿Recuerdas nuestro brindis? – Preguntó Juan.

– No. – Contestó lacónico Luis.

– Bueno es el vino, cuando el vino es bueno…..pero si el agua es de arroyo puro y cristalino,  siempre es mejor el vino. Arriba, abajo, al centro y adentro.- Recitó Juan levantando la copa para entrechocarla con la de Luis.

De no ser por el aspecto andrajoso de Luis, cualquiera que pasara creería estar antes dos buenos amigos celebrando algo de manera un tanto extravagante. Y en realidad así era.

La botella les duró media hora larga y entre copa y copa estuvieron hablando sin parar, probablemente por aquello de que una botella conversada es más agradable que en silencio. De lo que estuvieron charlando, no me han llegado noticias. Podría aquí inventarme una conversación y rellenar unas cuantas líneas, pero ¿para qué?

– ¿No será que no se le ocurre un diálogo coherente con lo narrado hasta ahora?

– ¡Cómo no! Tenía que aparecer de nuevo el espontáneo. Pues no señor. No tiene nada que ver con eso. Ya dije desde el principio que esta historia era real y como historia real que es, no me invento nada. Por eso, y por ninguna otra cosa, es que no cuento la conversación de la botella de vino.

– Es decir, que no está en el papel de narrador omnisciente, que conoce hasta los pensamientos de los personajes, sino en el de narrador objetivo o deficiente.

– Oiga, oiga. Deficiente lo será usted. Simplemente estoy contando una historia que conozco, no voy a decir como la conocí, pero la conozco. Lo que desconocía era que fuera usted crítico literario.

– Yo, al igual que usted, sólo soy lo que el autor quiere. Y me da en la nariz que en esta ocasión, quiere que haga de mosca cojonera.

– Pues lo está haciendo de puta madre, o como se diga.

– Mérito del autor, no mío.

– Sí claro, trabajándose unas cuantas líneas más dándole coba al autor.

– Usted debería saber que este autor es, sobre impredecible, caprichoso. Y me hará aparecer o no, según se le ponga en la punta del… teclado. Y dicho sea de paso, póngase con la historia o los pocos lectores que le quedan se irán a buscar otra y usted y yo nos veremos en el paro.

– Si no me interrumpiera con sus tonterías, esta historia podría estar incluso terminada.

Continuará… (si estos dos se callan)

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