El accidente


Subió al coche con la displicencia de los automatismos. Cerró la puerta y con la misma inercia se abrochó el cinturón de seguridad, colocó el retrovisor interior y miró los laterales, sacó de la guantera el reproductor de cedé y lo colocó en su sitio, metió las llaves en el contacto, puso en marcha el coche y arrancó lentamente.

El recorrido no invitaba a salirse del modo automático. Era el mismo recorrido de todos los días. El mismo recorrido que día tras día, con raras excepciones, transitaba por duplicado. Por la mañana y por la tarde. Con monotonía aceleraba, frenaba en las curvas, cambiaba las marchas. Días había que llegaba a su destino y no era consciente de haber pasado por los sitios que tenía que pasar, de haber parado en el stop de Aleña, de haber rodeado la rotonda de Azuaga y tomado la salida de Archana. Pero hoy decidió hacer algo distinto. Cuando enfiló el descenso de Ateinza, en lugar de recoger el coche en tercera, lo dejó seguir en quinta, sabiendo de antemano que no podía hacer el descenso con el coche suelto. Se acercaba la curva del Aire y debería reducir la marcha. Metió cuarta, tercera y se dio cuenta que ya no sería suficiente. Justo al entrar en la curva, por la izquierda, pisó el freno. El coche se le fue de atrás, golpeó contra el quitamiedos y salió despedido. El maldito peralte estaba al revés, todo el mundo lo sabía. Pensó: – Hasta aquí llegamos. Un pequeño vuelo de unos segundos, un fuerte impacto y a mejor vida. Es imposible sobrevivir a esta caída. – Mentalmente se despidió de su mujer, de su hija. Imaginó la que se iba a armar en la redacción cuando se enterasen. – ¿Quién escribirá la noticia? Seguro que Pereda. Menudo papelón, él que me odia, va a tener que escribir sobre lo buena persona y mejor escritor que soy. ¡Qué ironía! Y además, seguro que lo hará bien, porque tiene buena pluma el cabrón. A mí no me duelen prendas en reconocerlo. –

De pronto supo que no iba a morir. Sí, lo vio claro. No había llegado aun su hora. No había pasado la película de su vida en breves segundos por su mente, sólo el cabrón del Pereda y su necrológica. Así que se iba a salvar.

Despertó y cuando se disiparon las brumas de su cabeza se levantó, con esa sensación casi esotérica de no saber aun como te has librado de lo que quiera que te hayas librado, porque no recuerdas el sueño. Sólo tienes la inquietante sensación de haber estado en peligro, de haber escapado por los pelos.

Se fue al baño y bostezando y restregándose la cara se asomó al espejo y éste, le devolvió la mirada envuelta en desencanto.

22 responses to this post.

  1. Y lo reales que parecen muchas veces.
    Yo creo que vivimos otro tipo de cosas en una realidad paralela y que no somos conscientes de ello. Inquietante ¿verdad?

    De todas maneras algo te hizo Pereda el día anterior que al final hasta te lo llevaste a la cama. ¿Ya lo sabe tu mujer?

    Besos

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  2. Qué triste que su mirada no sea capaz más que de reflejar desencanto después de la que se ha librado. Me temo que en su vida ni lo único malo, ni lo peor, es Pereda.
    Bien escrito, compañero.
    Un abrazo.

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    • Quizás pensó que aunque no lo hubiera buscado, no era un mal final. Y total, ya se había despedido. Los espejos son muy hijosdepputa ¿Quién les ha pedido sinceridad?
      Un abrazo.

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  3. Je! Solo falta que al arrancar el coche piense “hoy parece un buen día para hacer algo distinto…”
    Saludos desde el infierno!

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  4. ¿Pero el desencanto era por no haber muerto o por no poder seguir disfrutando de la sensación de joder a Pereda al no morir? Espero que por lo segundo
    Besitos

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  5. Posted by Marga on 1 octubre, 2012 at 11:00

    El desencantado aquel seguro que no conocía tu blog. Porque leerte es un placer. Gracias por mis premios. Ya vuelvo recargada. Besos mi isleño favorito, coral del mar.

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  6. Osea, que al final el prota no se muere? Pues vaya! Habrá que seguir “aguantándolo” entonces! 😛

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  7. A veces es duro que la primera cara humana que veas por la mañana sea la tuya, acabes de escapar ileso de un accidente o no.

    En cuanto al motivo para dominar su propio sueño: correcto; que tu panegírico lo vaya a escribir un compañero al que detestas es motivo suficiente para volver de la muerte. Mira que si después de la ‘meadita’ vuelve a conciliar el mismo sueño y le ponen a Pereda de redactor jefe…

    Un abrazo, maestro.

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    • Peor aun. De compañero reportero, tú gráfico y el redactor. Trabajando codo con codo en territorio comanche. Y además te salva la vida.
      Como ves, la pesadilla puede seguir avanzando y dejar al Fredy Kruguer de voluntario de una Ong.
      Un abrazo. Y lo de maestro no te lo voy a tener en cuenta porque no soy rencoroso: Pereda 😛

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  8. Siempre me ha chocado ese mecanismo de defensa mediante el cual aun soñando, sabemos que estamos soñando, y entonces somos capaces de despertarnos.
    Me ha gustado mucho ese final.
    Un abrazo.

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  9. Uffff lo de los sueños lo llevo fatal. He estado años con el mismo sueño recurrente, tonto, simple y recurrente. Pero es cierto que hay veces que parecen reales como la vida misma.
    Besazo

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    • Sí, los sueños a veces son puñeteros como ellos solos. Y pesados. A veces te llega el sueño antes de que te enteres que te has dormido. Me refiero al soñar, no a las ganas de dormir, qeu con esto de las palabras polisémicas, se puede leer lo que no ha sido escrito.
      Un beso.

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