La tarde que llegué al Café Gijón (reescritura)


Copa, amigos, copa,

rebase el cristal,

que en beber lo bueno,

no puede haber mal.

Aquel que no bebe

¿para qué ha nacido?

Le hubiera valido

mejor no nacer.

Mariano José de Larra

La tarde que llegúe al Café Gijón (Umbral llegó una noche, muchos años antes y Javier del Castillo, de día y aun dos años antes que Umbral y treinta y cinco antes que yo), estaba vacío. Bueno, en realidad, parecía vacío. Luego, me fijé mejor y pude ver a César González-Ruano escribiendo en una mesa al fondo. Me acerqué con miedo de resultar impertinente, pero no pareció darse cuenta. Miré por encima de su hombro y pude leer lo que escribía:

Alguien, cuando pase el tiempo, 

y encuentre mi calavera

el tiro que no me he dado

buscará en la sien entera.

Y en las cuencas de mis ojos

querrá adivinar tal vez

lo que ví.. cuando veía

y que nunca miré…

De pronto se levantó, arrojó la jarra de agua que estaba encima de la mesa junto con el vaso y se marchó gritando algo sobre no volver jamás y el Café Teide. Parecía muy cabreado. Espero que no fuera mi culpa.

En otra mesa un poco más alejado estaba Don Camilo, el del premio (aun no se lo habían dado, pero ya era desde siempre, el del premio), también escribía. Me animé y me senté a su mesa. Me miró y sin darse por enterado de mi presencia siguió escribiendo. En esta ocasión tuve que leer al revés:

“… El escritor mira para sus libros y piensa: ¿Todos los libros que tiene le sirven, realmente, para algo? Hay libros que hay que guardar siempre porque sirven durante toda la vida. Hay, por el contrario, libros que basta con leer una sola vez. ¿Por qué no separar los libros que sirven siempre de los libros que no sirven nunca y de los libros que no valen más que para una ocasión y esta ocasión ya pasó?

El escritor, un tanto temeroso, va dejando que la idea de que en la historia del mundo no se han producido más que dos mil libros importantes tome cuerpo en su imaginación. El escritor, según su cálculo aproximado, deberá…”

Levanté la vista de los folios manuscritos y miré de nuevo a don Camilo, el del premio, pero ya no era don Camilo, aunque seguía siendo el del premio, sí que otro premio, pues en su lugar estaba sentado un joven Fernando Fernán Gómez que se dirigió a mí diciendo:

  • Joven, ¿que le parece instituir un Premio de Novela Corta Café Gijón? Se dotaría con mil quinientas pesetas y la edición de la obra ganadora.

Fui a contestarle que me parecía muy buena idea y que le estaba muy agradecido por haber solicitado mi humilde opinión, pero de repente ya no estaba allí, me encontraba yo sólo en la mesa. Vi llegar a Arturo Pérez Reverte y me retiré discreto. A éste prefiero abordarlo en al Bar de Lola.

Alfonso, el cerillero, estaba sentado en su puesto y me miraba de manera socarrona. Me dirigí a él para comprarle un décimo de lotería, pero se negó a vendérmelo.

  • Lo siento amigo, no puedo vendérselo. Nunca he dado un premio en mi vida y usted tiene toda la pinta de ganar el Gordo. No quiero, en mi muerte, perder una reputación que me costó toda una vida labrarme. Así que ahueque.

Regresé a la mesa donde me esperaban mi mujer y mis amigos.

  • ¿Qué hacías de mesa en mesa y hablando sólo como un bobo? Me preguntó mi mujer.
  • Nada cariño, saludaba a unos viejos amigos.
  • Pero si no hay nadie.
  • Ya, ya lo sé.

30 responses to this post.

  1. Je je, tu siempre codeándote con lo mejor, así, entre tus congéneres, respirando ambiente literario, exceptuando a D. Camilo que era un impresentable con ínfulas ¿A él se le ocurrió la estupidez de que sólo se han escrito 2000 libros que sirvan para algo? Los libros no tienen porqué servir para nada, no es su cometido, si no transportarnos a otros mundos y a otras vidas, lo que no es poco, pero el señor Camilo era un pedante maleducado al que le molaba ir de politicamente incorrecto. Lo siento, nunca me ha gustado, ya le pueden dar todos los premios del mundo.
    Besazos Juan, sí, Juan, se que andas por ahí y te pescaré.

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    • Querida Inma: uno tiene sus mitos literarios y el Café Gijón en cuanto a espacios, está a la cabeza. En cuanto a don Camilo, el del premio, me importa un pimiento si él era así, o era un personaje que se inventó para venderse. Lo que me importa es que ha escrito algunas de las mejores páginas de la historia de la literatura española. Quizás en la novela debió quedarse en La familia de Pascual Duarte y la Colmena, el resto son ganas de inventar la polvora, puede ser, pero sus libros de viaje con el Viaje a La Alcarria a la cabeza, no digo que debiera ser de lectura obligada, porque no se debe obligar a leer a nadie, pero vaya, que yo lo leo todos los años al menos una vez. Sus relatos cortos y sus artículos son un desparrame de humor fino, ironía y destreza en el uso del lenguaje. Me sorprende que del elenco de escritores que presento en mi relato, te lances sobre don Camilo, el del premio, y dejes vivo a González Ruano, un delincuente que se dedicó entre otras lindezas a traficar con la vida de los judios que querían abandonar la Alemania nazi. O Pérez Reverte, que puestos a ser un personaje pedante y perdonavidas no hay quien le gane.
      En fin, si no has leído a don Camilo, el del premio, te recomiendo que lo hagas. Como te digo, si quieres, huye de los experimentos de sus novelas, pero te recomiendo, por la proximidad a tu entorno, Viaje al Pirineo de Lérida, por ejemplo.
      Un beso de Miguel y otro de Juan, ambos tus rendidos admiradores.

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      • Guapo, verás, por supuesto he leído Viaje a la Alcarria y La Familia de Pascual Duarte aunque hace mucho tiempo, y ni fu ni fa, si no, los recordaría.
        González Ruano, es que no tengo el gusto, igual he leído algo suyo y ni lo sé, pero así a bote pronto ni conozco al escritor ni al personale, y Perez Reverte, pues sí, tienes razón, será un pedante y un canallita, pero a mí me encanta, tanto sus novelas como sus artículos, no me dejo uno.
        No tengo tanta cultura literaria como tú Miguel, lo reconozco, pero prometo en tu honor y por recomendación tuya, intentar, y digo intentar, volver a releer algo de D. Camilo, que los tengo por casa, en la estantería de arriba, donde guardo lo que menos me ha interesado.
        Besos a los dos

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        • Ese “no tengo tanta cultura literaria como tú”, además de prejuicioso, pues das por sentado que yo sí que tengo mucha, cosa incierta, me suena a no tengo ganas de discutir contigo. 😉
          Tengo experiencia en discusiones por escrito y no suelen dar buen resultado, pues al perderse el lenguaje gestual y el tono, parece que esté uno cabreado y para nada es así en mi caso y supongo que tampoco en el tuyo. A mí Cela me parece, junto a Miguel Delibes y en ese orden, de lo mejor de la literatura española contemporánea. Pero no trato de hacer proselitismo. Me parece muy bien que a otras personas no les guste. Ahora, que no te guste porque te caiga mal como persona me parece como si no me gustaran las recetas de Arguiñano porque cuenta unos chistes muy malos. A mí me gusta el escritor, el hombre que se lo coma Marina Castaño.
          En cuanto a César Conzález Ruano, es uno de los mejores articulistas de la primera mitad del siglo XX (siempre en mi opinión que es tan o tampoco válida como cualquiera). Y al Reverte, ya dejé escrito en una ocasión, cuando sacó su recopilación de artículos “Los barcos mueren en tierra”, que le leo hasta la palma de la mano.
          Lea usted lo que le apetezca y porque le apetezca, la lectura es un acto íntimo, solitario y egoista, para la obtención de un placer. Sería ridículo masturbarse para no obtener placer. Me parece que estoy leyendo demasiado al Dess. 😉
          Un beso de tu rendido admirador, que lo es Juan, Miguel está leyendo a Cela. 😛

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          • ¿Discusión? ¿cabreo? No, no me ha tomado esto como una discusión, yo ya no discuto casi nunca, y en serio menos todavía. Me gusta contrastar puntos de vista, pero hace mucho ya que dejé de intentar imponer mi criterio o discutir lo que pienso, a ciertas edades ya pocas opiniones vamos a cambiar.
            Dicho esto, a ver señor Miguel, vuelvo a repetir lo de la cultura literaria, yo leo mucho, pero estoy segura, sólo por como escribes de que tú lees más y de mejor calidad, y después de eso, pues Cela me cae fatal, y sus libros no me entusiasman, independientemente de que no lo soporte, sin embargo Delibes sí ¿ves?.
            Lo de la masturbación lo dejo pa otro rato, que soy capaz de meterme en un jardín.
            Juan, que me quedo contigo, Miguel que siga leyendo.
            Besitos

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            • No, si a mí me encanta discutir:

              (Del lat. discutĕre, disipar, resolver).
              1. tr. Dicho de dos o más personas: Examinar atenta y particularmente una materia.

              sólo que como uno a veces es muy vehemente a la hora de sostener su postura, puede parecer lo que no es. A eso me refería con lo de discutir por escrito.
              Y no te creas que no me había dado cuenta que preferías a Juan, pero que sepas que él fue el que le hizo el ovillejo a Marga, sin embargo tu relato lo hice yo.
              Aun así, ambos dos seguimos a tus pies.

              Responder

              • Pues aclaremos esto de una vez Juan-Miguel, dándote la razón en que escribir conlleva cierto peligro al perderse tonos y expresiones faciales, creo que tengo la suficiente intuición para imaginar los tonos sin escucharlos, con ello quiero decir que entre nosotros creo que no es necesario ir con pies de plomo, que tenemos cintura, retranca e inteligencia suficiente, nunca me he tomado a mal ninguna frase tuya y quiero creer que a ti te ocurre lo mismo, aunque sé que a veces mis frases se pueden malinterpretar porque soy un poco burra, creo que se nota que siempre voy de buen rollo, y si no, no voy.
                Otro tema es el del ovillejo, que ahí estoy tratando de digerirlo todavía, menos mal que Miguel me hizo protagonista y además antes. Ea!
                Besazos

                Responder

                • Aclarado queda. Pero que conste que el miedo era por mí, no por ti.
                  Besos de Juan y Miguel y Ramón, un primo mío que pasaba por aquí (es de Coria del Río, quiero decir, nacido allí). 😉

                  Responder

      • Por interrumpir sólo, 😉 estoy de acuerdo contigo que sus relatos cortos (al menos los dos libros que un servidor ha leído hasta la fecha “El Gallego y su Cuadrilla” y “Las Compañías Convenientes y otros Fingimientos y Cegueras” son magistrales.

        Pero, claro, es sólo mi opinión. Abrazo 1

        Responder

  2. Uno no puede evitar preguntarse si dentro de unos años quedarán cafés como ése.
    Todo un personaje el cerillero, Alfonso.
    Un abrazo.

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    • No amigo, no quedarán. De hecho creo que la única propuesta para que sobreviva el Café Gijón es la de convertirlo en un museo literario.
      Un abrazo.

      Responder

  3. A mí el cerillero, el de la lotería, me parece un personaje tan de Reverte que vaya, me ha impresionado incluso.

    Al hilo de lo que hablábais Inma y tú, muy acertado lo de separar persona de obra, Reverte, por ejemplo, no le conozco de nada, pero una vez coincidí en un aueropuerto con él, vaya, puede que tuviera un mal día, pero me pareció un gilipollas altanero, prepotente, chulo, mirando con desprecio a todo el mundo, como evidenciando que el genio era él.

    Sin embargo reconozco que he leído varias novelas suyas y me han gustado, Cela desde luego tampoco es que como persona sea santo de mi devoción, pero estamos en las mismas.

    Yo, como sabes soy de ciclismo, bien, muchas de las estrellas actuales son verdaderos gilipollas, pero eso lo ves cuando conceden entrevistas, dentro de la carretera es otro tema, con evitar oirles cuando llegan a meta basta y sobra.

    Abrazos.

    Responder

    • En el mundo de la música, del deporte, de la literatura y del arte o el espéctaculo en general, abundan los prepotentes endiosados, incluso algunos delincuentes, que sin embargo hacen su especialidad como los ángeles. Mis amigos y mi familia si que prefiero que sean buena gente dentro de lo que cabe, que cada vez cabe menos, el resto, conque me emocionen con sus creaciones me doy por satisfecho.
      Un abrazo, crack.

      Responder

  4. Puedo añadir Vargas Llosa a la lista de gilipollas que escriben bien? 🙂

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    • Puedes, pero te advierto que si nos ponemos a ello la lista puede ser interminable.
      Un beso.

      Responder

    • Lo que sucede con Vargas Llosa es que es de esos autores de los que cabe decir “lee todo lo que escribe; olvida todo lo que dice”. La cuestión es ¿cómo puede ser tan “facha” un escritor de la talla de Vargas Llosa? Si no fuese porque ya hemos visto (casi) de todo, perecería incomprensible.

      Abrazo 2

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      • Supongo que como muchos otros, cuando joven son medio comunistas por llevar la contraria y luego, como consiguen cosas para conservar, pues no les queda otra que hacerse conservadores.
        Abrazo de regreso 2.

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  5. Nada que oponer a tu selección de Cela y Delibes. Al primero lo descubrí , a través de fragmentos que me invitaron a completarlos leyendo unas cuantas de sus obras. Al segundo a través de “Las ratas”, que me sigue pareciendo una de sus mejores novelas. Reconozco que don Camilo, además, me hacía gracia como persona, aunque creo que más antes de que le dieran el premio. En cualquier caso coincido contigo en que hay que distinguir entre el escritor y la persona. En relación con don Miguel creo que hay muchas más unanimidad, porque la persona no crispaba las opiniones sobre el escritor.
    Buen relato, compañero.
    Un fuerte abrazo.

    Responder

    • Sí, don Miguel Delibes era un señor escritor y un señor como persona. Parece que en eso coincidimos todos. Tenía mucha mejor prensa y desde luego era mejor novelista que Cela, en mi opinión. Pero Cela era mejor escritor en general, mucho más completo.
      Un abrazo compañero.

      Responder

  6. Despues de leer todo lo expuesto (pero todo, todo) llego a la conclusión de que como uno no puede mantener un personaje toda su vida, al menos eso creo, son una pandilla de genios con muy mala educación… que cosas. y no, cafés de esos ya no quedaran dentro de poco. Un sueño? Saludos poseídos.

    Responder

    • Sí, quizás tengas razón. Debe ser difícil sostener el ego y la vanidad. Si a uno con un par de elogios, ya se le sube a la cabeza, imagino lo que es recibir un Nobel o un Príncipe de Asturias.
      Saludos.

      Responder

  7. El ‘Gijón’ es mucho, muchísimo más que un simple café. Es patrimonio cultural de este país nuestro, y seguro que no exagero en exceso si digo de todo el mundo hispanoparlante.

    Menos mal que al final ha prevalecido el sentido común, y que el café se ha salvado de las garras de aquellos –incluido el Ayto de Madrid– a los que sólo les interesa el dinero.

    ¡Qué siga siendo fuente de tertulias e inspiración literariopor muchas generaciones más!

    Abrazo 3

    Responder

  8. Lo tuyo, compañero, no ha sido un relato inventado. Lo sé de sobras porque cuando visité por primera vez el Café Gijón, sentí que algo parecido me ocurría. Sentado en la barra y mirando hacia el gran espejo del fondo, veía mil personajes que sabía nunca se habían marchado del todo, que aún mantenían una copa en la mano, un cigarrillo en la otra y una nueva tertulia recién comenzada.
    Y hasta justito al lado de la entrada, en el rincón del cerillero, todavía Alfonso se hurgaba entre los dientes con un palillo desgastado y mugriento.
    ¡Qué magia, santo Dios, me envolvió!
    Comparto tu opinión sobre Cela. Salvo Pascual Duarte, La Colmena, La Alcarria y poco más (y de ese poco más, he leído bastante) lo demás me suena a experimentación, a fanfarria, a sobredosis de ácido o a distrofia de la corteza cerebral.
    De Pérez Reverte… La verdad, a veces parece que en vez de periodista ha sido emperador, césar o Dios. Cree que la Verdad es él… y con su guiso se la coma.
    Me encanta, eso sí, leer a Fernando Fernán Gómez.
    Y me encantaría (esa fué mi espinita), llegar a tomar un par de servilletas y escribir algo en una de las mesillas del Café Gijón… mirando a ese espejo y rodeado de todos sus fantasmas.
    Un abrazo, amigo.
    No ha sido lo tuyo un relato inventado.
    Es real.

    Responder

    • Por supuesto que no es un relato inventado. Encierran mucho arte esas paredes.
      Don Camilo el del premio, a veces creía haber inventado la literatura, o esa impresión daba, pero lo tengo entre mis escritores de cabecera.
      Un abrazo y por correo te envío una sorpresa.

      Responder

  9. Café Gijón en el que he estado metida yo ahora durante un buen rato leyendo primero tu entrada y luego todos los comentarios y “discusiones” que habéis mantenido. ¿No crees que esto mismo es, seguramente, lo que harían muchos de ellos allí?

    Besos

    Responder

    • Pues probablemente. Aunque por lo que tengo leído, de lo que menos se hablaba, en la mayoría de las tertulias, era de literatura. Se practicaba el dulce placer de conversar.
      Besos de vuelta.

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  10. Tuve una experiencia parecida a la tuya la primera vez que estuve allí.
    Es un sitio con alma y de esos casi ya no quedan.
    Con respecto al caracter de los literatos, creo que es pura pose. Salvo en el caso de Fernán gomez, que me consta que era inaguantable, gran conversador, pero inaguantable, creo que hay mucho de teatro para crear personaje.
    Besazo

    Responder

    • El conocer la vida de los escritores, te puede servir para interpretar ciertos escritos, pero poco más. No voy a leer a un mal escritor por muy simpático que sea. Ni mucho menos lo contrario.
      Un beso.

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