¡Sorpresa!


La muerte llegó gratuita

a eso de la medianoche

no son horas de visita.

Mario Benedetti

Retiró del armero del cuerpo de guardia el cetme. Se sentó en el banco, apoyó la culata en el suelo y la barbilla en la punta del cañón. Echó la cabeza hacia atrás y levantó el cetme lo suficiente para que le llegara el dedo índice izquierdo al gatillo. Era zurdo. Presionó sobre el gatillo.

Unos minutos antes, El Virutas, que así le llamaban, había regresado de su puesto de guardia, en una de las esquinas del campamento. Las dos horas que había estado de plantón en el puesto, las había pasado anticipando con malicia las bromas que les iba a gastar a los novatos que acababan de llegar del permiso de la Jura de bandera. Sabía que entraban de refuerzo de guardia tres de la novena compañía. Cuando llegó al cuerpo de guardia para el descanso de dos horas buscó a alguno de los novatos. Estaba allí El Gallego. Tenía cara de pánfilo y desde luego no era muy avispado. Se le acercó por la espalda y lo encañonó con el cetme.

– Manos arriba. – Le espetó a traición.

El Gallego, sin pensarlo dos veces, se dio media vuelta y le soltó una hostia de las que hacen época.

– ¿Por qué no apuntas a la puta de tu madre? – Le dijo al mismo tiempo.

– Gallego, me cago en el copón. ¡Qué era una broma! Está descargado. – Dijo dejando el cetme en el armero. No sé si se quejaba o se disculpaba.

– Con las armas no se juega, Virutas, que ya sabes lo que dicen de que cárgalas el diablo. – Le replicó El Gallego.

-Tú estás tonto Gallego, ¡que me falta un mes para licenciarme! ¿Tú te crees que me la voy a jugar de una manera tan tonta? ¡Mira, gilipollas! Y se dirigió al armero.

Tuvo un insignificante error al coger el cetme del armero, en lugar de coger el quinto por la derecha, que era el suyo, cogió el sexto.

Lo enterraron con ojos de sorpresa.

27 responses to this post.

  1. ¡¡¡Por dios!!!
    Llevo un día muy malo poniéndome al día con misdmblogs amigos…
    ¡¡¡Coño, a todo el mundo le ha dado por hablar de muertes accidentales!!! 😀
    Me voy a la cama que llevo un día de muertos…
    Besazo

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  2. De todas formas no hay respeto alguno por el veterano 😀

    Qué le costaba al gallego rilarse un poco, esto a mí no me hubiera pasado, en la mili los cetmes estaban descargados siempre, hasta las metralletas de los de la poli aérea carecían de balas en el cargador, ya entonces ahí debía de haber crisis o no se fíaban un pelo.

    Abrazos.

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  3. Hostia! tú y tus sorpresas, pobre Virutas, esas cosas les pasan a los tontos de capirote, tanto jugar y tanta tontería, a una mujer sólo le pasaría por limpiarle el polvo, nunca por jugar je je.
    Me hace gracia pensar que este relato sólo puede escribirse desde cierta edad en adelante, esa mili cuantas anécdotas e historietas ha aportado a nuestra vida, a la de todos, no me he tragado yo batallitas de los primeros dos novios que pillé en pleno proceso, y más tarde también, el coriano todavía a veces me da la brasa.
    Besitos y mi más sentido pésame

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  4. Es verdad que las carga el diablo. Estoy con el Gallego. Así me lo enseñó mi padre desde pequeño y ni con las de juguete osaba apuntar a mis hermanos. En la mili mis peores momentos eran siempre en el tiro. Siempre había algún gilipollas.
    Muy buen relato, Miguel. Estáis sembraos tu primo y tú. Cada día me gustáis más. Como escritores, por supuesto.
    Un abrazo.

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    • Porque no me conoces en persona, pero soy más guapo que escritor.
      De todas formas, muchas gracias por emparejarme con Jesús, es una compañía que obliga a mucho.
      Un abrazo.

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  5. Ya he leído que es una historia real y quizá no debiera hacer bromas pero es que lo primero que se me ha venido a la cabeza al acabar de leer el relato es que eso le pasa por aprender antes a disparar que a contar. ¿Suena demasiado macabro? Espero que no 🙂

    Besos

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    • Pues sí, se puede resumir así, macabro o no. Ocurrió en la primavera de 1978 y lo cierto es que no me dio tiempo a conocerlo. Yo llegaba y él terminó un mes antes de lo previsto. Este relato me rondó mucho tiempo sin que consiguiera escribirlo, quizás quería ponerle más literatura de la que llevaba. Ahora me ha parecido que sólo había una forma (sencilla) de contarlo.
      Un beso.

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  6. uff! vaya accidente, nadie sabe cuando al día siguiente no esta, veo que ha sido real, me trae un lamentable recuerdo, un abrazo Miguel, me gusta como lo has introducido con Benedetti

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    • Sí, aunque sea un tópico, para morir sólo hace falta estar vivo.
      Y Benedetti sirve para introducir casi cualquier texto, sólo hay que recurrir a cualquiera de los dos tomos de Inventario.
      Un saludo.

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  7. Las armas las carga el Diablo, cierto, pero se te ha olvidado el final de la frase: y se les disparan a los gilipollas, tal y como le explica el Tito Clint a un novato en ‘El Sargento de Hierro’.

    Un abrazo, maestro: relato con final “de los nuestros” 😉

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  8. Me ha recordado cierta situación que viví personalmente, pero que no viene ahora al caso. El Cetme (o el chopo, como le decíamos en familia) creo que ha sido el arma más traicionera del mundo. Pero no por su falta de calidad, sino por la extenuación a que estaban sometidos. Recuerdo cómo se cargaban solitos con sólo darle un culatazo contra el suelo: o sea, que cuando de “descanso” pasabas a “¡firmes, ar!” y soltabas el taconazo y lo golpeabas contra el suelo, ya estaba el hijoputi cargado… La leche.
    — Las armas las carga el diablo y las dispara un gilipollas -fue lo primero que nos dijo un sargento allá por los desiertos.
    Por desgracia, aprendí en poco tiempo todo lo contrario: las deja cargadas un gilipollas y el diablo aprieta por ti el gatillo.
    Total. Que soy más de repartir tortas.
    Buen relato… Para variar, supongo.

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  9. Hola, me llamo Ana, te he visto por ahí, en algunos blogs, y en último en el de Dessjuest y me hedicho “Voy a visitar a este hombre”. Y aquí estoy, asi que me he subscrito y espero que vengas a verme a ver si te gusta lo que hago y sino, pues nada, yo seguiré viniendo por aquí de vez en cuando. Saludos
    Ana

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    • Bienvenida y gracias por tu visita. Acabo de darme una vuelta por tu blog y te he dejado un par de comentarios. Le echaré un vistazo más detenido el fin de semana, qeu es cuando tengo un poco más de tiempo.
      Un saludo.

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  10. Jajajajaja Eso le pasa por gilipollas… y por no creer en la sabiduría popular. Saludos desde el infierno jejejejeje

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    • Yo creo que más bien fue el exceso de confianza, que suele ser fatal en todos los ámbitos de la vida. Un poco de miedo siempre viene bien. Por ejemplo: si te confias tú, ahi en tu infierno, igual te puedes quemar.
      Saludos infernales, aunqeu con algún temor. 😉

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  11. Posted by la mejo,r no quedá.... on 16 octubre, 2012 at 12:15

    !Que putada!, como dice el dicho lo que está pa uno no hay quien se lo quite…Definitiviamente quien juega con fuego se puede quemar… y en este caso hasta chicharrar. De igual manera está la duda del poderse equivocar…

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    • Ya te digo. Los excesos de confianza, como le cuento a Nieves, tu antecesora en los comentarios. Nunca se debe dar nada por supuesto. Ni el amor, ni la amistad, ni siquiera el cargador vacío del cetme.
      Un beso, disfrazada de ti misma.

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  12. Posted by Rocky Balboa on 28 noviembre, 2012 at 7:58

    Te importaría cambiar la blasfemia por una expresión más normal?

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    • Lo que tú llamas blasfemia, son expresiones normales entre mucha gente. Yo estoy recreando un diálogo entre dos personas que hablan así y, por supuesto, no voy a cambiar la frase. No te sientas ofendido porque no existe ningún ánimo de ofender, ni se trata de una opinión, ni nada por el estilo.
      Un saludo.

      Responder

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