Cuento chino


granmuralla7Llegamos a la entrada de acceso a La Gran Muralla. Era principios de septiembre y hacía calor. Llevaba un camiseta roja, un pantalón tejano, unas zapatillas deportivas y me cubría la cabeza con una visera comprada en Shanghai. Sacamos las entradas para realizar la visita y nos dispusimos a seguir a “Chou” nuestro guía. Visitamos los distintos sitios de interés (tiendas, museos, etc.) y nos dieron libre hasta la hora de la comida para que cada cual recorriera la parte de la muralla que le apeteciera y como le apeteciera.

Mi mujer y yo, tenemos distintos ritmos para casi todo, menos para lo que importa. Así que decidimos escalar la Gran Muralla (porque de una escalada se trata en ese tramo), cada cual a su ritmo. Es decir, yo subí y ella me miraba desde abajo. Cuando llevaba un buen rato de escalada, una anciana, me atrevería a decir que centenaria por la profundidad de los surcos de su cara y por el tono apergaminado de su piel, se me acercó, me cogió las manos y me habló. Me habló en 客家語 / 客家语 es decir, lo hizo en el dialecto hakka. Pero lo realmente curioso, no es el dialecto chino que usara la anciana, nada raro puesto que era de Guangdong y allí se habla esta variante del chino. Lo verdaderamente curioso es que yo la entendí. Y gracias a ello, puedo contároslo:

– ¡Qué la paz y la armonia encuentren siempre cabida en tu corazón, oh gran heredero de Xuanzong!

– ¡Qué ellos no te abandonen nunca oh dulce descendiente de la Gran Emperatriz Wu!

Eso fue lo que me dijo y eso fue lo que le contesté. Cómo la entendí y cómo supe que era descendiente directa de la Emperatriz Wu, primera mujer que dirigió china e iniciadora de la dinastía Zhou, aun hoy no me lo explico. Aunque yo traduzco aquí por heredero y descendiente, la realidad es que ella me llamó quincuagésima tercera reencarnación del Gran Emperador Xuanzong. Y mi forma de dirigirme a ella fue como septuagésima quinta reencarnación de la impar Emperatriz Wu. Pero si ya me cuesta trabajo hacer creer a la gente que hablé con una china en su idioma y la entendí, imaginad como puedo hacer creer que soy la reencarnación de un emperador de la dinastía Zhou. A mí no me cabe ninguna duda, pero no me considero con la suficiente capacidad de persuasión como para que vosotros lo creais. Eppur e vero, parafraseando al gran Galileo, décimo tercera reencarnación de Pitágoras.Certificado Muralla china

Nuestro guía, el pequinés “Chou” (seguro que reencarnación de algún perro de la misma raza) dice que el diálogo que sostuve con la anciana fue el siguiente:

– ¡Por fin, a mis ciento tres años, he podido cumplir la obligación de todo ciudadano chino: visitar la Gran Muralla!

– ¡Chinchun fun de guanfan hanchi ten su! (Galimatías onomatopéyico totalmente ininteligible, según el incrédulo “Chou”).

Lo cierto es que “Chou” no era más que un burócrata puesto como intérprete por el aparato político chino. El único chino que conocía es el Mandarín de la gran burocracia oficialista china.

La Emperatriz Wu y yo, sabemos lo que realmente pasó.

20 responses to this post.

  1. Ese “Chou” lo único que hace es lo que yo conozco como un “desteta-niños”! Mira que quitarle la ilusión a un apuesto turista de camiseta roja, pantalón tejano y visera calada hasta los ojos, que hasta le han hecho un décimo de lotería china en su honor…!! 😀

    Ese “Chou” pequinés lo que es es sólo un hijo de perra más…..

    Besos

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  2. No parece un cuento chino. Yo me lo he creído.
    Un abrazo.

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  3. De verdad que puedo llegar a creermelo!!!!!!!!! Magia? llamalo como quieras, el poder de las palabras bien usadas 🙂
    Saludos infernales!

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    • A mí me pareció creíble. Si hubieras visto a la anciana, con ciento tres años subiendo la Gran Muralla, crees hasta en el infierno 😉
      Saludos.

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  4. Los burócatras 😀 no hay quien pueda con ellos, yo también te creo a tí, es más, tienes un aire regio en la foto que tira para atrás, un porte señorial me atrevería a decir, encima esos colores, de la invicta selección nacional, sí señor, yo daría un golpe de estado ya mismo reclamando tus derechos para regir al menos a 400 millones de chinos, los ricos.

    Abrazos crack.

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    • No ha sido llegado el momento de enderezar el rumbo de mi país de origen. Según las profecías que he consultado (no a los mayas, que estaban confundidos, si no a Confucio, que nunca se confunde), hasta la sextuagésima novena reencarnación no será el momento de recuperar el Imperio. He hecho mis cálculos y eso será allá para el dos mil setecientos diecisiete, por la tarde.
      Gracias por creer en mí y en mi imperial porte.
      Un abrazo, crack.

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  5. Muy gracioso quincuagésima tercera reencarnación del Gran Emperador Xuanzong, nos inclinamos ante usted y su ancestral sabiduría oriental 🙂

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    • Lo de la sabiduría no lo tengo tan claro. Fue salir de China y todo lo que aprendí, se me olvidó. Pero se agradece que usted crea en mí. Pensé que no iba a ser capaz de convenceros pero veo que estoy rodeado de lectores inteligentes.
      Saludos.

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  6. No te creo nada.
    De verdad no me creo para nada que Chou no te haya reconocido. El tipo debe ser vietnamita que visto está que se hacen pasar por chinos.
    Yo veo esa foto y veo clarísimo que eres el único y legendario Xuanzong, estás igual a cuando te conocí en tu 25° reencarnación ¿Te acuerdas? Yo era la de los pendientes… ¿¿¿te acuerdas???

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  7. El relato empieza tan cotidiano y normal que hasta me he extrañado, pero no, los turrones no te han cambiado, rapidamente he entrado en la fase surrealista y me he dicho – mi Miguel sigue siendo el mismo de siempre – menos mal.
    Añado que yo como tu mujer suelo escalar o subir sólo mentalmente, que lo disfruto más mirando desde abajo, que se ahoguen y suden los demás, siempre que arriba no haya un chiringuito con tapitas y cervezas, entonces subo lo que haga falta.
    Muchos besos

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    • Arriba sólo había un chiringuito con su chinito que te hacía una foto y te extendía un certificado como que habías subido la Gran Muralla, unos cuantos yuanes mediante.
      Un beso de tu rendido admirador, que no subió la Gran Muralla, Juan y un piquito de Dragon. Miguel quedó enganchado a la hermosa Emperatriz Wu.

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