Fuego de campamento


En las noches de invierno, acampados en la playa de Veneguera, después de cenar, encendíamos un fuego y nos sentábamos alrededor para contar historias, casi siempre sobre temas sobrenaturales, aunque no siempre.

Esta historia que traigo hoy aquí es una de las “aunque no siempre”. Estábamos sentados como digo alrededor del fuego. Una chica joven, de no mas de veinticinco años, acababa de contar una historia sobre un caso de premonición que nos había dejado algo sobrecogidos. Estuvimos unos minutos en silencio, como digiriendo lo escuchado. Entonces, se levantó un anciano de pelo y barba blanca con  algunos jirones grises. Tenía una voz grave pero limpia que llegaba con nitidez a todos los allí reunidos. Dejo que sea él quien nos cuente la historia:

Durante muchos años he sido seguidor de un rabí. Jesús era su nombre. Tenía una sabiduría innata y un don de gente que hacía que todos quedáramos embelesados ante sus palabras. No era un filósofo de estos oscurantistas, que hablan con palabras difíciles para vestirse de profundidad. Al contrario, utilizaba palabras sencillas, ejemplos esclarecedores e imágenes populares. Decía cosas como que todos somos hijos de dios por igual. Que dios está más cerca de los pobres y de los indenfensos. Que no hay que despreciar a nadie porque dios está en todos y cada uno de nosotros y cosas de ese estilo. Se acercaba a los enfermos a darles consuelo. Incluso algunos, con el efecto placebo de sus palabras, llegaban a sanar. O eso parecía al menos. Íbamos de una ciudad a otra haciendo llegar sus esperanzadoras enseñanzas a una multitud que nos seguía en cada pueblo visitado. Muchos de ellos se unían a nosotros y nos acompañaban hasta el siguiente destino. Una vez, después de un emotivo discurso en una montaña a orillas del Tiberíades, sacamos unos panes y unos pocos peces que habíamos pescado la noche anterior y nos dispusimos a comer los discípulos y el rabí. Entonces, Jesús, dándose cuenta de que había allí mucha gente que no había comido, compartió su ración con los que tenía más cerca, lo mismo hicimos nosotros y el resto de la gente que llevaba algo para comer, también compartió con los de su alrededor. De esta manera, todos conseguimos saciar el apetito, aunque, obviamente, nadie quedó harto.

Este episodio, al que muchos llamaron la multiplicación de los panes y los peces, aunque allí lo único que se multiplicó fue la solidaridad humana, y el hecho mencionado anteriormente de que algunos enfermos ante las palabras del rabí, sanaran o creyeran sanar, que para el caso era lo mismo, dio pie a que las autoridades religiosas se asustaran pensando que este rabí podía soliviantar el orden establecido, que tanto siglos había costado conseguir. Empezaron a tergiversar sus palabras diciendo, por ejemplo, que se autoproclamaba el Hijo de Dios, cuando él lo único que decía es que todos somos hijos de dios, también él, por supuesto. Y tan convencido estaba de ello que hablaba de él como de su padre. También le afearon el que se acercara a prostitutas y ladrones sin el menor recato. Llegó a decir que eran los que más le necesitaban, pues había en el cielo más regocijo por un pecador que se arrepentía que por noventa y nueve justos. Esto, junto a la parábola del hijo pródigo (un hijo, que después de haber dilapidado la fortuna de su padre en juergas y vicios, volvió a su casa arrepentido y su padre hizo gran fiesta en su honor), llevó a sus enemigos a decir que era amigo de los pecadores. Así que se confabularon contra él y encontraron la debilidad en uno de sus discípulos, que a cambio de unas pocas monedas, lo traicionó y lo entregó a los sumos sacerdotes.

A partir de ese momento, comenzó un periplo de vejaciones, torturas y vilipendios, con el único objetivo de que confesara ser un impostor y no el Hijo de Dios, como decía que se proclamaba. Él, a pesar del mucho sufrimiento, se mantuvo en que también era hijo de dios. Que no temía a la justicia de este mundo, porque confiaba ciegamente en la justicia divina y en alcanzar el reino de los cielos. Así estuvo yendo de los sumos sacerdotes al gobernador militar y de este a los sumos sacerdotes. En uno de esos viajes, el gobernador, Pilatos era su nombre, que en realidad no veía nada malo ni peligroso en Jesús, se acordó de una vieja tradición que permitía liberar a un preso por la pascua judía y pensó que esa podía ser la excusa perfecta para librarse de ese marrón. Mandó traer a un cabecilla de los guerrilleros independentistas, llamado Barrabás y dio a elegir a la multitud a quién querían liberar: a Jesús o a Barrabás. La multitud, sin pensárselo mucho, empezó a gritar el nombre de Jesús y Pilatos, con gran satisfacción, lo liberó, mandando inmediatamente crucificar a Barrabás.

Jesús vivió muchos años más, estuve con él hasta su muerte a la edad de ochenta y siete años, cuidándolo y oyendo sus siempre sabios consejos. No quiero ni pensar que hubiera ocurrido si a la multitud, a veces tan caprichosa y voluble, le hubiera dado por aclamar el nombre de Barrabás. Seguramente, yo, hubiera acabado colgando de un árbol con una soga comprada con unas pocas monedas.

16 responses to this post.

  1. A mí de chaval también me contaron una historia parecida 😀 cambia el final, pero como esas historias las escribieron hombres al final es lo de menos, eligen el final más adecuado para sus fines.

    Abrazos crack.

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    • Así la contó este anciano en aquel fuego de campamento. No sé si es cierta, si tergiversó o simplemente inventó. Cumplió con el espíritu de la hoguera: entretener al personal.
      Un abrazo, crack.

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  2. Miguel, Juan, Dragón… y ahora Judas. Al final va a quedarse sin besos para repartir la chica del territorio.
    Buen relato, compañero. Y mucho más coherente (no solo en su final) que otro parecido que me habían contado.
    Un abrazo.

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    • No querido Chema. No soy Judas. Él nos contó esta historia al amor de la lumbre. TEngo multipersonalidad, pero no tanta.
      En cuanto a la historia en sí, luego de escucharla, indagué y pude saber que sí, que se contaba otra versión que, incluso, había sido publicada en papeles. No sé yo cual será la cierta, me limito a contar lo que me contaron.
      Un abrazo.

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  3. Ante un mismo suceso, hay tantas versiones del mismo como testigos lo hayan presenciado. Me gusta esta versión, más verosímil que otras que he oído. Y ese narrador tan longevo… Seguro que ha tenido que cuidarse mucho, sin duda un tipo sano 🙂
    Un abrazo.

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    • Veo, con sorpresa, que todo el mundo ha escuchado otra versión de esta historia. Yo la desconocía totalmente y pensé que valía la pena hacérosla llegar. ¿Qué se le va a hacer? Otro día procuraré ser más original. 😀
      Y sí, tenía aspecto de viejo sano.
      Un abrazo.

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  4. I-M-P-R-E-S-I-O-N-A-N-T-E.
    Ana

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  5. Ya estoy aquí, jadeando, pero llegué.
    No sabía que Judas tenía ese don de palabra y para la narración, preciosa historia que es verdad, me suena de algo.
    A mí este final me gusta, sería bonito imaginar si Jesús hubiera seguido vivo tal vez hubiera podido cambiar el curso de la historia, al menos tratar de que su mensaje no se tergiversara como se hizo luego, y escribir el mismo las Escrituras.
    Besitos guapo, para los tres.

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    • Ya te vale, que tuvo que traerte el pocasangre de Juan. Claro, como estás de cumpleaños y con homenajes de altura, no te codeas con los pobres mortales.
      Aun así, yo también soy débil, como Juan y no te lo tendré en cuenta. 😉
      Un beso de tu rendido admirador, que lo es, Juan. Piquitos de Dragon.

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  6. Posted by el gato con botas:-) on 30 enero, 2013 at 15:35

    Jo Merino,me parece que en algún momento te lo he comentado que eso le gustaría a Paula que pasara cuando cada vez que ve la película de bambi espera que la madre escape de los cazadores.

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    • A ver, la gata con botas: con tanto alias, tienes al moderador de wordpress loco. Cada vez que comentas algo te pone en cuarentena y tengo que venir yo al rescate. Cosa que por otra parte me encanta. Lo de rescatar damas en apuros. Ya sabes que soy algo quijote. Dile a Paula que los que escribieron los cuentos infantiles eran todos unos hijos de mala madre. Que vea películas de miedo, que esas no engañan a nadie.

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  7. Yo me sabía otra:
    ” y estando ese tal Jesús en una última cena, con doce amigos que se hacían llamar sus discípulos y comiendo un suculento cordero vaticinó…. hoy uno de vosotros me va a traicionar, a lo que su amigo Pedro le dijo: ¿seré yo señor? ¿seré yo?
    No Pedro, tú no eres.
    Acto seguido y con cara de preocupación Juan le espetó también: ¿seré yo señor? ¿seré yo?
    No juan, puedes estar tranquilo. Tú tampoco eres.
    En esto que el protagonista de tu historia, uno que decía llamarse Judas le preguntó: ¿seré yo señor? ¿seré yo?
    A lo que con bastante irritación y con un tono de burla y voz distorsionada Jesús contestó:
    ¿seré yo? ¿seré yo? ¿seré yo? (¡¡gilipollas!!).

    Lo de entre paréntesis era necesario…. no sabes lo difícil que es darle la entonación correcta a esta historia de una manera escrita!! 😀

    A todo esto……¿se puede saber que coño hacíais acampados con un anciano de pelo y barba blanca con algunos jirones grises?

    Muchos besos

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    • A ver, deberías saber ya que me junto con toda clase de gente. Incluso con gente con muy buen criterio para conceder premios 😛
      El chiste, es verdad que es complicado darle la entonación, pero te quedó bien.
      Un beso.

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  8. Estoy con Money, ¿Que demonios perpretábais en la playa haciendo fogatas con un anciano de largos cabellos grises?
    ¿Que tipo de bebedizos y fumadizos habían en vuestras mochilas que pudisteis aguantar una historia en la que no había sexo, ovnis, vampiros y otros personajes perfectos para reunión juvenil playera?
    Ya estás dando explicaciones, que no nos tragamos lo de la”teoría de la liberación” del viejo.
    Besazo y poco a poco ire poniéndome al día contigo caballero.
    Muuuaaak

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    • Lo de reunión JUVENIL playera, se agradece. Cada vez se agradece más, dicho sea de paso. En cuanto a bebedizos y fumadizos no dejaré huella escrita por lo que pudiera pasar. Yo me limito a contar lo que el anciano contó. Y a mí siempre me ha gustado escuchar las historias de los mayores. Anda que en tu querido Panamá no debían contar historias interesantes los abuelos.
      Me alegro de tenerte otra vez por aquí.
      Un besazo.

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