Insubordinación


Mi general, señores generales y jefes que componéis la Junta:
Podéis estar orgullosos de vuestra obra.

Leyenda del César Visionario, Francisco Umbral

El general Pastor llamó a su asistente, el cabo Bermúdez.

– Cabo, prepare el coche que salimos a una misión en territorio enemigo.

– ¿El Dodge, mi general?

– Pues claro, ¿cual si no?

– A la orden de vuecencia, mi general.

El general se subió a la parte trasera del Dodge y ordenó al cabo:

– Al Club Yazmina. ¡Rápido!

Cuando llegaron al club Yazmina, subieron las escaleras, primero el general y dos pasos por detrás el cabo. Allí les recibió la propia Yazmina, dueña del club.

– Buenas noches general Pastor, es un honor para este humilde club su presencia esta noche. Alá ha escuchado mis plegarias.

– Déjate de zalamerías y dile a Zoraida que salga.

– Enseguida mi general. Tómese un  té, mientras se desocupa. Invita la casa.

– ¿Cómo qué mientras se desocupa? ¡La quiero aquí ya! Y que le peguen dos tiros al hijoputa que esté con ella. Y déjate de mariconadas de té. Prepara una botella de cazalla.

– Ibrahim, dile a Zoraida que venga inmediatamente. Esté con quien esté.- Ordeno Yazmina a su criado.

Zoraida era una mora muy joven, apenas dieciséis años, de ojos verdes y piel de aceituna, tersa y suave. Enseguida se dirigió al general con su mejor sonrisa y cogiéndolo del brazo se lo llevó a su habitación.

– ¡Cabo, síganos! Y no se olvide de la cazalla.- Ordenó el general al cabo Bermúdez.

Éste, algo azorado, cogiendo la botella, los siguió hasta la habitación. Una vez allí, Zoraida se desnudó e hizo lo mismo con el general. A continuación empezó a trabajarlo con la boca hasta que notó que el general endurecía. Se acostó en la cama boca arriba abriendo las piernas para recibirlo, y el militar enseguida empezó a embestirla. Al segundo embate, el general notó que aquello se aflojaba y dirigiéndose al cabo:

– ¡Cabo! ¿Está usted duro?

– Sí mi general.- Contestó el cabo de manera algo apocada.

– ¡Pues encúleme!

– ¿Cómo dice vuecencia, mi general?

– ¡Qué me encule coño! ¿Tengo que repetírselo?

– ¡A la orden de vuecencia, mi general!

Y el cabo procedió a dar cumplida cuenta de la orden recibida.

– Haga el favor de acompasarse a mi ritmo, si no, no vamos a ninguna parte.- Indicó el general.

Durante unos minutos, ambos militares estuvieron embistiendo, cada uno en su objetivo, a un ritmo más o menos similar. De repente, el general se derramó en Zoraida y cuando terminó le preguntó al cabo:

– ¡Cabo! ¿Se ha corrido usted?

– ¡Sí mi general!- Contestó el cabo con voz de satisfacción.

– ¡Es usted un mariconazo! Queda arrestado por insubordinación y prácticas contra natura.

– ¡Pero mi general!- Se quejó el cabo estupefacto.

– ¡Ni mi general, ni leches en vinagre! Es usted un maricón de tomo y lomo. ¿Cómo se le ocurre correrse en mi culo?

Se vistió el general y salieron precipitadamente a la calle. Cuando llegaron al acuartelamiento, el general entregó al cabo en el Cuerpo de Guardia:

– Metan a este maricón en el calabozo. Mañana se le hará un juicio sumarísimo.

El cabo Bermúdez fue fusilado, al segundo día, contra la tapia norte del cuartel. En la sentencia se indicaba, que era condenado a morir fusilado por prácticas contrarias al honor del ejército en tiempo de guerra.

12 responses to this post.

  1. Un poco fuerte ufff. No sé si tomármelo con humor o con horror. Saludos
    Ana

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  2. Diosssssssss, vaya tela! Qué retorcido! pero muy bueno, Miguel, muy bueno.

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  3. Y eso que dicen que en tiempos de guerra cualquier agujero es trinchera…

    En realidad tiene razón el general, el cabo se extralimitó de sus funciones 😀

    Abrazos crack.

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    • Yo también creo que se extralimitó en sus funciones. Uno cosa es asistir, que para eso es asistente, y otra es disfrutar en culo ajeno y de superior. El hecho de que fuera en tiempos de guerra, complicó un poco más la situación. El autocontrol siempre es fundamental para estas cosas.
      Un abrazo, crack.

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  4. Guahh! pobre cabo, y ve ha saber cuántos habrán sido fusilados antes por lo mismo, mañoso el general, atrapada en tu relato, un fuerte y especial abrazo! Eres grande Miguel!!! 🙂 tus relatos son formidables 🙂

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  5. Debía estar buena la tal Zoraida para que el culo del general no hiciera efecto bromuro en el cabo.
    Un abrazo, Miguel.

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    • Querido Chema, el bromuro en los cuarteles era una leyenda urbana. O eso, o la pujanza de los veintiuno es un buen antídoto. No recuerdo tremperas más duras que las cuarteleras.
      Un abrazo, Chema.

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  6. ¡Totalmente de acuerdo con el general! El cabo no cumplió las ódenes y se extralimitó. El general fue muy claro en sus órdenes, pero ya se sabe que hay algunos que entienden lo que quieren. 😛
    Genial amigo Miguel

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    • Sí, a mí también me parece que fue más allá de lo exigido, con menoscabo del honor del general. Se le pidió una simple función mecánica. Claro que siempre estoy contra la pena de muerte. Sobretodo, porque creo que, bien adiestrado, le hubiera podido prestar futuros servicios muy necesarios al general.
      Un besazo.

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