Natalio Jiménez, alias el Carbón (reescritura)


Antes de que se dieran cuenta, aferró a Ulises por la nuca y le introdujo la punta del bolígrafo en uno de sus orificios nasales.

Tres funerales para Eladio Monroy, Alexis Ravelo, Anroart Ediciones, 2006

Al Natalio Jiménez, todo el mundo le llamaba el Carbón. En realidad, el alias no era mas que un anagrama, lo que la gente realmente le quería llamar era cabrón, pero no había “güevos”. El Natalio era cabrón en óptimo señalamiento, pues sobre cornudo por parte de su señora, Críspula Gutiérrez la Tapu, también anagrama por el oficio, era hijoputa por parte de su mala baba.

No sabría yo decir si la mala baba era por los cuernos o los cuernos por la mala baba, aunque los que conocen de lejos al matrimonio dicen que nada tiene que ver una cosa con la otra. La Tapu era puta antes de conocer al Carbón y éste ya era merecedor del mote bien ordenado antes de casarse. Además, el Carbón tiene mal vino. Aunque los que le conocen desde que era baifo, dicen que no, que el vino es la excusa para sacar su mala baba a pasear.

Un día entró en la taberna un forastero y pidió un güisqui. El Carbón se puso chulito y le dijo al forastero que eso era bebida de maricones. Que se bebiera un copazo de cazalla que él tenía mucho gusto en invitarle. El forastero, sin ganas de mucho lío, le contestó que muchas gracias, que si tenía el capricho de invitarle, él le aceptaba de buen grado, y le agradecía como se merece, que pagara el güisqui, pero que la cazalla no era de su agrado. El Carbón se puso hecho un basilisco. Que si a él no le despreciaba nadie una invitación. Que si eso era bebida de maricones y que se bebiera una cazalla o iban a tener más que palabras. El forastero volvió a decirle, con buenos modales, que no quería ofender a nadie pero que él no bebía otra cosa que no fuera güisqui, cuestión de estómago delicado, vaya por Dios. Que si maricón, que si sal “pa” fuera, que si te voy a hacer un hombre de una hostia. El forastero, luego de agotar toda la paciencia, que fue mucha, y todos los buenos modales, que fueron excesivos, le soltó dos hostias mirando al tendido y sin avisar y le rompió el tabique nasal, cuatro dientes delanteros y la ceja izquierda. ¡Joder como sangra una ceja abierta! El Carbón se levantó, se sacudió los pantalones y la camiseta, que se habían llenado del serrín del suelo, llamó al camarero y le dijo: ponme un güisqui que tengo mucho gusto en aceptar la invitación de aquí el forastero.

Desde entonces, el Carbón a pesar de la falta de dientes y la nariz torcida, no ha perdido la mala baba, que además se le sale por los huecos, pero los forasteros pueden beber en la taberna del pueblo lo que se les ponga en el escroto, vulgo bolsa los “güevos”.

10 responses to this post.

  1. Si es que no hay nada como una buena charla para aceptar costumbres de forasteros 😀

    Geniales los anagramas, abrazos crack.

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  2. Jaja, con dos cojones. El forastero no se llamaría Harry? (el sucio, digo). Un relato estupendo.

    Un abrazo.

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    • El forastero se llama forastero. Pero sí que puede tener cosas de Callahan, o de Alatriste, o de Eladio Monroy. Son muchos los personajes que gastan poco en salva y cuando deciden actuar, actúan.
      Un abrazo.

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  3. Posted by margamv on 6 junio, 2013 at 16:39

    Nada como respetar la libertad del prójimo de tomar lo que se le da la gana, ni como la posibilidad de romperle los dientes y el tabique a los infelices que traten de impedir una tarde pacífica…

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  4. Jeje, al menos el Carbón sabía perder con dignidad, eso no puedes negarlo.
    Me has hecho hasta irme a buscar una palabra, que no sabía lo que era baifo, lo que aprendo yo contigo…
    Besos

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    • Creo que esa palabra se usa sólo en Canarias, pues proviene de las voces guanches. Y sí, el Carbón sabía perder con dignidad, que es otra forma de orgullo.
      Un beso de tu rendido admirador, que lo es, Juan. Piquitos de Dragon.

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  5. Se agradece que de vez en cuando aparezca un educado forastero para poner en su sitio a estos amargados que van al bar a volcar sus frustraciones en el primero que encuentran. Muy bien contado, compañero. Me ha encantado.
    Un abrazo.

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