En el laberinto (reedición)


            Siguiendo con los refritos veraniegos, este cuento lo escribí hace poco menos de tres años. Es fruto de una experiencia muy personal y no sé si ponerlo en la columna de éxitos o de fracasos. Al menos salió un cuento.

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Era un reto. Pensó que valía la pena. Estudió el laberinto por fuera, le echó un vistazo rápido por dentro, lo que las reglas del juego permitían y a pesar de que le advirtieron de que era un laberinto tramposo, no hizo caso. Lo que ocurre es que la gente se cansa de observar y analizar y en lugar de reconocer su incapacidad, lo achaca a trampas del contrario, se dijo.

Llenó su cantimplora con el agua más fresca que encontró, metió en sus alforjas los alimentos necesarios para una buena temporada y sin más ayudas se introdujo en el laberinto. Incluso rechazó un ovillo de lana que le ofrecieron para que lo fuera desovillando por el camino y así poder regresar. Además de nada original, eso sí que le parecía hacer trampas.

Estuvo primero yendo de un lado a otro, sin rumbo, sólo para familiarizarse con los recovecos, los caminos, los cruces. Disfrutando de algunos trazados, sobresaltándose cuando a veces se vio al borde de un precipicio, desesperándose al encontrar un río infranqueable. En definitiva, dejándose llevar. Más tarde intentó buscar atajos, pasos vadeables del río, lugares estrechos en los precipicios desde donde poder saltar al otro lado. Poco a poco se fueron gastando el agua y los alimentos. Los fue haciendo durar todo lo que pudo. Bebía un sorbito de agua apenas suficiente para mojar los labios y comía dos granos de trigo diarios. El resultado fue que se le agotaron las fuerzas. La cabeza no le funcionaba con la suficiente lucidez para intentar racionalizar el recorrido y poco a poco le fue inundando la desesperación.

Al final, tomó una decisión. Se bebió de una vez el resto de agua que le quedaba y dio buena cuenta, de una sentada, de la última espiga de trigo. Reposó un rato al pie de un muro y cuando sintió recobrar un poco sus fuerzas se levantó, concentró todas sus energías en su hombro derecho y con un golpe seco y violento hizo saltar el muro en mil pedazos.

14 responses to this post.

  1. Muy buena descripción de una lucha interna, de esas que te van minando.. Lo bueno es tener la lucidez de decir basta y tirar hacia delante.
    Saludos

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    • Gracias por tu amable comentario. Sin embargo, uno no puede evitar mirar atrás y pensar que a lo mejor podría haber seguido intentándolo. Porque estoy convencido que hubiera valido mucho la pena el conseguirlo.
      Un saludo.

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  2. Lo importante es la decisión y el muro derrumbado, que sea éxito o fracaso es lo de menos, pero según lo cuentas no debe ser otra cosa que éxito, de seguir por el otro camino era cuestión de tiempo que el fracaso llegara poco a poco, de esta forma, aun saliendo mal, sería cosa tan solo de adelantar un poco la desgracia.

    Abrazos crack.

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    • Está claro que en ese momento no vi otra solución, pero como le digo a Cristina, la esperanza de éxito era muy atractiva. Tenía unos ramalazos geniales.
      Un abrazo, crack.

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  3. ¡Un final sorprende y a mi parecer muy valiente!!
    Me has recordado los “Cuentos para pensar” de Jorge Bucay. Pero así como él elije palabras y mensajes sencillos, comprensibles para todos, el tuyo sí que da “para pensar”.
    Es como un cuento de Bucay escrito para mayores… jejeje, ¡que Jorge y sus fans no me lean!!

    Besitos!!

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    • Presumo de tener pocos prejuicios, pero alguno tengo. Jorge Bucay es uno de ellos. Lo poco que he leído, que suelen ser las tarjetitas esas que se cuelgan en facebook, hace que huya de sus libros como de la peste. Como digo, es un prejuicio, pero como soy consciente que me voy a quedar sin leer muchos libros imprescindible por falta de tiempo, no me causa ningún remordimiento este prejuicio.
      De todas formas, aprecio tu comentario en todo lo que vale. Eso de “como un cuento de Bucay escrito para mayores…” me ha llegado al corazón. 😀
      Un beso.

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  4. Jeje, que no presenta ya la vida suficientes laberintos para meterse en uno por el gusto de hacerlo, ya son ganas querido Miguel, soy yo poquito de retos.
    Me has recordado por cercanía en el tiempo mi paseito por Venecia, que me faltó poco para tirarme al agua y atajar, que angustia por dios, con lo que me gusta a mí saber siempre donde estoy que suelo piso. Quita, quita…
    Besos, hiciste bien en derrumbar el muro, tanta tontería…

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    • Bueno, un poco de culpa tiene que te digan: ¡ni se te ocurra! Porque entonces se te ocurre lo que nunca se te hubiera ocurrido. Y tuvo sus ratos divertidos e interesantes. Incluso romper el muro tuvo su puntito.
      Un beso de tu rendido admirador, que lo es, Juan.

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  5. Saltarse todas las normas es a menudo el único camino! Los impulsos son los que dan salsa a la vida.
    Me ha gustado mucho!
    Un beso desde mi infierno 🙂

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    • Lo importante es que sea un recurso en un momento dado y no la única forma de resolver.
      Me alegro de que te haya gustado.
      Un beso poseso.

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  6. Se salva, pero al otro lado están descojonándose de él los que le habían advertido. Necesitaba esa cura de humildad.
    Un abrazo.

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    • Quiero creer que no fue la soberbia, sino la falta de prejuicios, la que movió a intentarlo. Pero sí que es cierto que algunos se descojonaron cuando tuvo que utilizar el último recurso.
      Un abrazo.

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  7. No lo entiendo… Se mete en el laberinto pero rechaza un ovillo de lana para no hacer trampas y termina tirando la pared para salir.
    Vamos, que no ha cumplido el fin para el que entró y encima hizo trampas.
    Sí, yo diría que es un fracaso. 😀
    Besazo

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