No era una tapia cualquiera


Al rato se escuchó la descarga de los fusiles en la lejanía, sembrando el pánico en los habitantes de Montijo.

Miguel Merino Rodríguez: dirigente obrero y alcalde de Montijo (1893-1936), Juan Carlos Molano

No recuerdo exactamente el bando que nuestro recién nombrado alcalde, por Dios, por España y por su honor, publicó para asegurarse el regreso de los rojos de mierda que habían huido como ratas en cuanto vieron a los primeros soldados entrar en el pueblo. Pero debió ser algo así:

De orden del señor alcalde se hace saber, que todos aquellos dirigentes republicanos (malditos sean y que Dios los confunda), que no tengan sus manos manchadas de la noble y leal sangre de nuestros ilustres industriales y terratenientes beneméritos (que Dios en su infinita bondad y sabiduría habrá acogido en su seno), pueden regresar al pueblo sin temor a ninguna represalia (que bien merecida la tendrían por ser unos sindiós). En el bien entendido, de que a partir del momento de su regreso, se comportarán como buenos cristianos y saludarán a la romana manera a toda autoridad que se cruce en su camino.

En Montijo a 20 de agosto de 1936 (año 1 del Glorioso Alzamiento)

Y van y se lo creen. Estos rojos de mierda, además de unos sindiós es que eran tontos. Les dejamos un par de días en sus casas, para que se enteraran bien de las condiciones miserables en las que iban a vivir los suyos a partir de ese momento y luego: guardia civil caminera los llevó codo con codo, que diría el poetastro maricón ese al que habíamos fusilado hacía dos días en Granada. Y la cara que se le quedó al ex alcalde cuando fuimos de noche, mientras dormía, a su casa y muy amablemente, con diez mosquetones apuntando a su cara y otros veinte apuntando a su familia le dijimos: ¿Tiene la amabilidad de acompañarnos? Y todavía nos miraba altivo, como perdonándonos la vida el cabrón del rojo ese. ¿Y la familia? Pues no van y le piden ayuda al párroco. Se debían de creer que porque le hubiera casado él, iba a interceder por su vida. ¡Pues estaríamos buenos! Un cura intercediendo por un sindiós. Menos mal que el cura era de los de ley y les dijo que no se podía hacer nada. Y bondadoso estuvo, yo hubiera denunciado a toda la familia y les hubiera acusado de “quemaiglesias”, que la palabra de un cura como Dios manda tenía mucho peso entonces.

Y así fue como en la madrugada del día 29 de agosto y para conmemorar la traída de la Virgen de Barbaño de su ermita a la parroquia del pueblo, fusilamos contra la tapia del cementerio a catorce rojos de mierda, entre ellos el ex alcalde.  Y como me reí cuando una de las condenadas (sin juicio, ¿qué falta hacía?) le gritó a uno del pelotón que por lo visto era su hermano de leche: ¡Sálvame, por favor, sálvame! Y éste, con el rostro muy serio y mientras revisaba el mosquetón, para que no se encasquillara, le contestó: Cállate, que no te van a hacer nada.

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En la categoría de Recuentos, escribo recuerdos pasados por el tamiz del cuento. En esta ocasión, lógicamente no he traído un recuerdo vivido. Cuando esto pasó, aun faltaban algo más de veinte años para que yo naciera. Pero entre el libro de Juan Carlos Molano y algunas frases sueltas de los hijos del protagonista, he podido escribir este cuento y adscribirlo a esa categoría, sin faltar un ápice a la verdad. Probablemente, si mi abuelo hubiera estado en el bando sublevado, podría haber escrito un Recuento muy parecido, pues en todas partes cuecen habas y en mi casa calderadas. Pero lo cierto es que mi abuelo era un obrero que llegó a alcalde y lo fusilaron por creérselo. Los sublevados eran los otros, y el cura párroco un hijoputa con muy poca caridad cristiana, que gracias a Juan Carlos Molano, tiene nombre y apellidos.

23 responses to this post.

  1. En mi familia los muertos fueron del otro lado. Puta guerra.
    Un abrazo, Miguel.

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    • Como digo en la nota, la historia no hubiera sido muy diferente si mi abuelo hubiera sido del otro bando. Con una salvedad: estos se llevaron honores y prebendas (no todos) y aquellos deshonor y represión. Pero es sólo cuestión de vencedores y vencidos.
      Un abrazo, Chema.

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      • Por eso digo “puta guerra”. Muchas veces luchar en un bando u otro era un simple detalle geográfico, dándose en ocasiones la estúpida circunstancia de que podías estar pegándote tiros con tu hermano. Afortunadamente hoy en día, sobre todo las personas que no la vivimos (salvo algunos políticos interesados), nos damos cuenta de que no había buenos y malos sino víctimas y víctimas.

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    • En la mía pasó lo mismo, Macondo.
      Puta guerra.
      Lo importante es que no vuelva a suceder, nunca.
      Besazo

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  2. Lo siento. A mí es un tema que me cansa, lo de la memoria histórica me parece bien, hay que recordar para no repetir los mismos errores, se nos dice. Es cierto, pero llega un momento en el que hay que pasar página y no quedarse ahí enquistado. No lo digo por ti, lo digo en general, creo que a estas alturas seguir utilizando el recurso de la guerra civil para echarse cosas en cara – facha! – Rojo! – es ridículo y no nos deja avanzar, recurso facilón además.
    Creo también que como siempre se le dio la vuelta a la tortilla, y de ser parias perseguidos, los supuestos rojos pasaron a ser héroes. Mire usted, ni una cosa ni la otra, una guerra siempre es fea, y se cometen barbaridades de ambos lados, de lo que hay que avergonzarse es de haber llegado a ese punto sea cual sea el bando al que se perteneció, y ya está. Mi abuelo vivió la guerra y está muerto, él y la mayoría de los que en realidad la vivieron, y ni siquiera padecí la dictadura, y tengo 46 años, no 20. Dejemos los muertos en paz.
    Y para contradecirme a mí misma, y por si se me malinterpreta la posición, no la tengo, pero mi familia fue roja de toda la vida, un abuelo en la CNT y el otro en la carcel por socialista y por hacer extraperlo. En mi casa se brindó con cava cuando Felipe llegó al poder y los hermanos de mi padre se llamaron unos a otros entre lágrimas, hasta eso es ya pasado.
    Besos

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    • Yo no tengo memoria histórica, tengo memoria personal; ni siquiera mía, de mi madre, de mis tíos. Yo ahora soy abuelo y al mío lo privaron de serlo. Y a mí de disfrutarlo. No fue una enfermedad, fue una descarga de fusil contra una tapia de un cementerio. Lo siento, me apetecía escribir una historia (y seguramente más de una) con este asunto.
      Parafraseando a tu amigo Sabina: no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca se tuvo.
      Un beso de tu rendido admirador, que lo es, Juan.

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      • ¿Lo siento? No Miguel, no debes sentir nada. No contesto a tu post, perdóname, he aprovechado para hacer un discurso sobre mi opinión sobre la guerra civil y su tratamiento actual, no tiene que ver con esta pequeña historia sobre un hecho concreto que tan bien nos narras, como siempre. Hoy me ha dado por ahí.
        Y a mi Sabina hazle justicia: “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”
        Besitos

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  3. A mi abuelo le dieron el paseillo también los del alzamiento, lo peor es que según sé no estaba politizado, pero parece que tenía algunas tierras codiciadas. Una noche al inicio de la guerra se lo llevaron y no volvió, y no se sabe donde le hicieron desaparecer. Tengo que averiguar más, quiero saber más, pero preguntar a mi madre es verle cambiar el rostro, y ver en él dolor, traer aquellos años ahora es hacerla sufrir, es traer otra vez a su memoria el éxodo del pueblo cuando aún era una niña.

    Un saludo.

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    • Afortunadamente, nosotros siempre hemos sabido donde estaba mi abuelo. Y hoy en día tiene un parque en su honor. Cuando mi familia ha ido a Montijo la han tratado con mucho cariño. Yo aun no he ido.
      Un saludo.

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  4. Yo no tengo ni puta idea de qué lado lucharon mis abuelos, ni siquiera si lucharon, me da que no porque si lo hubieran hecho alguna batalla me hubiera contado mi padre o mi madre, ya que a mis abuelos no pude conocerlos.

    En cualquier caso a mí me gustó mucho el relato, escrito con la mala baba necesaria, que es posible que las cosas hubieran podido cambiar, pero me lo creo, a pies juntillas, creo todo lo que cuentas, y claro que en el otro bando se producirían casos similares, no lo dudo además, pero siempre he dicho que ls que se sublevaron fueron los que se sublevaron, y los que mantuvieron un régimen casi 40 años.

    Abrazos.

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    • Esa es la diferencia. La “pequeña” diferencia. Durante cuarenta años se le dieron toda clase de satisfacciones a los de un bando. Luego, es cierto que el péndulo se fue hacia el otro lado, pero es humano, después de cuarenta años de, en el mejor de los casos, olvido.
      Un abrazo, crack.

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  5. Posted by Yeste Lima on 30 septiembre, 2013 at 17:29

    No estoy segura de qué lado estaban mis abuelos, sólo sé, porque lo contaban sus hijos, que tuvo que escapar de España en un barco de polizón y desembaró en Canadá.

    No me gusta hablar de guerras porque siempre es lo mismo…. la victoria de los que se la creen y la pérdida final de los que creyeron en ella.

    Besos apretaos, Miguel. Un tema que no se acaba nunca.

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  6. Pues yo tuve un padre al que exiliaron sin comerlo ni beberlo con 14 años (los republicanos) y cuando llegó al paraíso comunista se encontró con que de paraíso nada. Más bien un infierno del cuál ya se encargó la amiga Dolores Ibárruri que no saliera de allí ningún españolito, no fuera a ser que hablaran de la mierda que se estaban comiendo (y allí pasó 30 años, 9 encerrado en un gulag).

    A cada cuál peor. Los unos unos hijos de puta y los otros unos hijos de la gran puta. A ver quién da más…

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    • Sí, el exilio de los niños a la Unión Soviética, fue tremenda putada. Y lo que se encontraron fue una mierda descomunal. De más está decir que no todos los republicanos eran comunistas, aunque sí es cierto que la izquierda era marxista.
      Casi todos hemos sufrido las consecuencias de aquella sinrazón, pero me agarro a mi cantinela como a un clavo ardiendo. Los sublevados eran los otros.
      Un saludo.

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  7. Joder que entrada! Miguel, me has tocado la fibra… Mi abuela (que se pudra en el infierno mas chungo) me contaba cuando yo era niña los fusilamientos en las paredes del borne de Barcelona que ella veia tras las cortinas… esto me la ha recordado.
    Padres contra hijos, hermanos contra hermanas, hijos contra madres… Yo no estaba, pero lo contaba tan detalladamente que pareciera que si.
    Un beso desde mi infierno.

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  8. Posted by mpmoreno on 1 octubre, 2013 at 20:40

    El tema cargado de ironía al contar tu relato, lo hace más digerible. ¡Triste realidad!

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