El coleccionista de epitafios (reedición)


El padre Rentería se acordaría muchos años después de la noche en que la dureza de la cama lo tuvo despierto y después lo obligó a salir. Fue la noche en que murió Miguel Páramo

Pedro Páramo, Juan Rulfo

Güelmy Norime era coleccionista de epitafios. Cada vez que llegaba a un lugar por primera vez, visitaba su cementerio y menudeaba entre tumbas y nichos leyendo todas las inscripciones y anotando en un cuaderno aquellas que le llamaban la atención.

No buscaba epitafios geniales. Ni de gente famosa. Sólo aquellos que le llamaran la atención por uno u otro motivo. Algunos ejemplos anotados en su cuaderno:

¡Qué dulce es morir cuando se ha vivido bien!

Sus hijos Francisco, Carlos, Ramón y Soledad le dedican este recuerdo (menos Eusebio, que no dio nada.)

Doña Bienvenida Pi, por recobrar su salud, vino de América aquí… Y su fin fue el ataúd.

¡Marianita!  Nos dejaste a los cinco meses. ¡Qué pronto empezaste a darnos disgustos!

¡Miguel! No respondes a tus padres. ¡Qué espantoso silencio! *

Aunque debido a esta afición y a que su querencia natural era la soledad, podría parecer un hombre hosco, no era así. Se trataba de una persona afable. Incluso de buen humor y con tendencia a la broma. No obstante, en cuanto le era posible hacerlo sin herir susceptibilidades, se retiraba a sus cuarteles de invierno. Por eso, los que no lo habían tratado lo tildaban de huraño y antipático. Quizás sólo se trataba de alguien que no sabía bien cual era su papel en esta comedia.

Un día llegó a un pueblo del sudoeste en el que nunca había estado. Desde el primer momento tuvo una sensación deja vu extraña. Estaba seguro de no haber recalado jamás en ese pueblo, pero le resultaba familiar. Pensó que sería por la similitud con otros pueblos de la comarca y no le dio más importancia. No obstante, caminó con seguridad, y sin tener que preguntar a nadie, hacia el cementerio y como acostumbraba, deambuló entre nichos y tumbas, anotando aquellos epitafios que le llamaban la atención.

Es curioso, pero a pesar de la meticulosidad con que hacía esta tarea, se le escapó un  epitafio que había en un  nicho, en la tercera fila de arriba. Este epitafio rezaba así:

Aquí yace Güelmy Norime (1957-1993), aunque nunca creyó que había muerto.

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Todos los epitafios aquí transcritos (a excepción del último), han sido recogidos del libro: Tus amigos no te olvidan, de Luis Carandell, Maeva Ediciones, 1999

34 responses to this post.

  1. ¡Uy tétrico el ultimo! No aceptar estar muerto ha de ser horrible.

    Un saludo

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  2. Hay mucho muerto en vida que no es consciente de ello.
    El epitafio de Marianita me ha dejado traspuesta, jajaja, he tenido que dejar de leer de la risa.
    Besitos, que buen despertar.

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  3. Cada uno debe saber cuál es su sitio en la vida, o muerte 🙂

    Que a mí me encantan estas cosas, siempre que voy a un lugar nuevo intento ir al cementerio, a ver tumbas y por supuesto leer estos mensajitos a veces tan bonitos, hubo uno en La Coruña que no olvidaré, sencillo, “Pepe, tus amigas no te olvidan”, sencillo pero que da que pensar en la vida del Pepe este.

    Ah, que ya está la entrada refranera.

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  4. Buen homenaje a Pedro Páramo. 🙂

    Un abrazo.

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  5. Oye y entonces murió del todo?? o siguió vagando practicando su hobby favorito?? sorprendente feliz..lo oyes?? que siii que son mis aplausos jajjajjaj
    Besos con alas

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    • Gracias Lehahiah. Creo que aun no se ha enterado de su muerte. Afortunadamente no suele leer los blogs.
      Besos alados (al lado de los tuyos) 😀

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  6. Es que hay pueblos donde los muertos son unos vivos y los vivos están medio muertos. 😛
    Los epitafios geniales.
    Besazo

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  7. “Pedro Páramo” y “El llano en llamas”. Me salen de corrido como una misma cosa, porque Planeta los editaba juntos. Estaba descubriendo los principales autores de la literatura hispanoamericana en general y el boom de forma particular.
    El epitafio más famoso es uno que es falso: el de Groucho Marx, “Perdone que no me levante, señora”.
    Por cierto que me ha gustado el relato y casi no te lo digo.
    Un abrazo.

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    • El epitafio apócrifo de Groucho es digno de él, quizás por eso ha tenido tanto éxito. En esos pueblos latinoamericanos debe ser todo un gustazo deslizarse entre tumbas y nichos y leer esos epitafios que imagino barrocos e imaginativos.
      Me alegra que te gustase el relato, es a lo máximo que aspiro cuando escribo. Aunque me de deja clara una cosa. Cuando ponemos enlaces a entradas en otras entradas, no solemos aceptar el envite. Esta entrada la enlace, junto con otra, en la que hice a raíz de tu (mi) Macondografía, para presentar a mi seudónimo o alter ego Güelmi Norime:
      https://merino1957.wordpress.com/2013/09/07/hola-soy-guelmi-norime/
      Y ninguno de los habituales habéis mencionado su conocimiento previo. Estáis todos suspendidos. 😦 .P
      Un abrazo.

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      • Y mira que tiene un nombre retorcido el jodío, como para no recordarlo.
        Habrá que entonar el “mea culpa” para tratar de recibir el “ego te absolvo”.

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  8. Posted by Yeste Lima on 23 octubre, 2013 at 17:52

    A mí también me ha gustado, los epitafios geniales y el final intrigante.

    Dime Miguel, si tanto conoces a Norime, supongo que sabrás, porque te lo habrá dicho, qué tal se vive muerto.

    Lo peor de todo es morir sin haber vivido, que de ésos hay muchos, o vivir en la muerte…. eso da un yuyuuuu.

    Besos apretaos y temblorosos.

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    • Los epitafios, no son míos. Como digo, están sacados de un libro de Luis Carandell y son auténticos.
      En cuanto a conocer a Norime, no sé que decirte. A veces creo que lo conozco como si lo hubiera parido y otras creo que es hijo de Luzbel. Quizás ambas cosas sean ciertas. 😀
      Besos apretaos para quitarte el temblor.

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  9. Igual soy un poco tétrica, pero a mí me encanta pasear por los cementerios y fijarme en los nombres y los epitafios. Y cuanto más antigua la tumba, mejor.
    Un besote.

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    • Lo cierto es que yo también tengo esa costumbre, aunque últimamente visito poco los camposantos. Me ha tocado enterrar a más de un amigo y les estoy cogiendo coraje.
      Un beso.

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  10. Jejejeje que divertido! En el cementerio de mi pueblo son mas sosos…. Besitos querido Miguel! ya sabes, desde el infierno!

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  11. Ah!! ufff, jejeje
    al ver el título en el correo he pensado: a ver si se piensa que me he muerto y me dedica alguno…
    Pero, no!!! veo que no, jejeje
    Ni he muerto (aunque lo parezca) ni me has dedicado ninguno.
    Ven, anda, que ni te imaginas cuanto os echo de menos
    muakkkkkssssssss a capazos

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  12. jaja, juer cómo andamos todos con la muerte rondando no? Será que se acerca el día de Todos los Santos (supuestos, claro, porque pa’ mí que de santos, poco…)

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