Don Fidel Daquestaguisa


– Buenos días, Don Fidel.

– Buenos días señor escribidor.

– ¿Es cierto, Don Fidel, que presume usted de haberle sido siempre fiel a su señora esposa?

– No señor, no es cierto.

– Ya me parecía a mí, treinta y pico años de fidelidad son demasiados.

– No se me equivoque señor escribidor. Lo que no es cierto, es que presuma de ello, que ser fiel, si que lo he sido, lo soy y lo seré.

– ¿Y como así, en los tiempos que corren?

– Los tiempos, ni corren, ni andan, se limitan a pasar y dejar su huella. En cuanto a lo otro, pues ya usted ve. Un poco por definición, el nombre marca, un poco por convicción, no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti, y un mucho por miedo.

– Explíqueme lo del miedo.

– Pues muy sencillo. Se lo explico. Mi parienta, cuando se enfada, se pone muy guapa, pero guapa, guapa, de hacerle un hijo por lo civil y otro por lo criminal, vamos.

– Pues menos lo entiendo aun.

– No se precipite, joven, no se precipite. Le decía que a mi mujer enfadada, se le sube el guapo. Pero cuando se encabrona, se pone hecha una fiera, una fiera corrupia, por mejor señalamiento. Y no se por qué, me da en la nariz que si le adornara la frente, no se iba a enfadar, sino que más bien se encabronaría. De ahí mis miedos.

– De todas formas, no tiene porque enterarse.

– Mire señor escribidor, dos cositas. Usted no conoce a mi mujer. Esa se entera hasta de lo que no ha ocurrido aun. Y por otro lado, si tengo una aventura con una tía buena, porque si no, no la tengo, y resulta que no lo puedo contar, pues ya me dirá usted dónde está la gracia.

– De acuerdo, pero ¿qué podría hacer?

– A ver si se lo muestro de una manera gráfica. Una vez, para la boda de una amiga suya, mi santa se compró un traje en una boutique de esas exclusivas, de esas que te dan los buenos días y te miras la cartera con desconfianza. Vamos, tres mil quinientos euros y tres avemarías. Llegó el día de la boda y al entrar en la iglesia, que mira que le tengo dicho que no entre en según que sitios, al entrar en la iglesia y en el mismo banco que la colocaron a ella, una rubia pechugona con el mismo traje. Yo miré para mi señora pensando que se me desmayaba allí mismo. Pues no señor. Aguantó impertérrita (coño con la palabreja) toda la ceremonia, las fotos, eso sí, procurando no coincidir en ninguna con la rubia pechugona, y la celebración. Cuando llegamos a casa, se quitó el traje, cogió del cesto de la costura las tijeras y metió en una cajita de zapatos tres mil quinientos euros de confeti. Confeti que luego lanzamos el día de San Roque al paso de la procesión. ¿Le ha quedado claro mi miedo, señor escribidor?

– Cristalino, Don Fidel.

– Pues ¡ea!

16 responses to this post.

  1. Posted by Carolina on 23 enero, 2010 at 19:33

    Jajaj… como debe ser. Yo hacia en este momento confeti con sus huevos. Así que bastante me agarro los machos y por quien lo hago.

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  2. Es que al final eso de ser fieles no es muy de fardar de ello, porque por convicción pura y dura tampoco es que sea.

    Yo de todas maneras pillo el traje de la otra para hacer los confetis, es mejor mirándolo como lo miremos.

    Abrazos monstruo (de grande y campeón, no de feo)

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    • De eso se trata, de no presumir. Las cosas son o no son, pero si presumes, te dejan patinando a las primeras de cambio. Y no queda elegante.
      Un abrazo, crack.

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  3. Yo hago confeti a los de la boutique, porque pagando esa pasta hacer otro igual y para la misma boda tiene delito.
    Como se ve que su mujer hace confeti con lo que es valioso, si los hiciera con usted debería sentirse orgulloso, porque ello querría decir que lo apreciaba en lo que vale.
    Un abrazo.

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    • Aunque fueran tres mil quinientos del ala, era “prêt-à-porter”, con lo cual, cabía la posibilidad.
      En cuanto al orgullo confiteril, me da que don Fidel se siente mejor de cuerpo entero aunque sea con menoscabo de su orgullo.
      Un abrazo.

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      • Al final resulta que me he ido de personaje y he atribuido la anécdota del traje a la santa del escribidor, en vez de a la de don Fidel; pero da lo mismo. Me sigue pareciendo una cabronada lo del traje, sea por “prêt a porter” o sea por estar comprado en distinta tienda.
        Un abrazo.

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  4. Jaja, una mujer de armas tomar, pero estoy con Chema, mejor ir a la boutique y prenderle fuego directamente, aunque ¿quien se atreve a decir que el traje le quedaba mejor a la pechugona?
    Lo de la fidelidad…en fin, prefiero si nos ponemos la palabra lealtad, abarca más y en ella no entran motivos como el miedo, sí respeto y responsabilidad ¿me puse seria?
    Besos

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    • También se puede ser leal por miedo. Todas la virtudes se pueden tener por culpa del miedo y todas se pueden ejercer a pesar del miedo. ¿Me puse muy serio? 😛
      Achácalo a la gastroenteritis que me está matando.
      Un beso de tu rendido admirador, que lo es, Juan.

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  5. Estoy con Macondo, a quien habría que hacer confeti o quemarle la tienda es a las de la boutique, demasiado buena fue la dama….
    Besicos.

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    • ¡A ver! Es una boutique, no un taller de alta costura. Incluso pudieron comprarse en dos boutiques diferentes y de diferente ubicación. Si hubieran ido al taller de Aris Agoriuq, sería otro cantar. 😛
      Un beso.

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  6. Posted by Yeste Lima on 23 enero, 2014 at 19:35

    ¡Qué coraje me da que se coma el comentario!!
    Empiezo de nuevo.
    Ciertamente no es el talle de Aris, tengo yo una amiga que le pasó eso mismo en una boda y los trajes habían sido comprados en distintas ciudades, Cádiz y Sevilla.

    En cuanto a fidelidad…. no sé, se puede ser fiel por convicción o porque no se pierda el cariño a la otra persona nunca y no se le quiera hacer daño, de todas formas, en ésto, pecan tanto hombres como mujeres…a veces no lo hacen por miedo a las consecuencias sean unas u otras no por falta de deseo y en ese caso, cabe decir aquello de…”mucho miedo y muy poca vergüenza”…¿que no?

    Besos apretaos

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    • Lo importante es: se puede ser fiel. Luego, los motivos se valorarán de una u otra manera, pero lo importante es lo importante.
      Besos apretaos.

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  7. Pues con dos cojones la señora. Cualquiera la encabrona!!!!!

    Besos!

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  8. Lo del traje…10 años trabajndo en alta costura. Si yo te contaraaaa jajajjajaja.
    La fidelidad. Soy una convencida de que se es fiel siempre y cuando no aparezca la tentación correcta. Si aparece, hay que ponerse paños calientes en la frente para que molesten menos al salir.
    Mejórate que sé que lo estás pasando fatal. 😦
    Besazo doble

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