Archive for the ‘Libros’ Category

Lecturas de enero


Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer.

Francis Bacon

Cierta boticaria, algo desquiciada, que se niega a recetar a las viejas asmáticas, ha iniciado una serie de entradas (de momento sólo una) con sus lecturas mensuales. Y yo, después de una profunda reflexión, dije:

– ¡Coño, qué buena idea! Seguro que se me ocurrió a mí y esta ladina me la robó aprovechando mi convalecencia.

Bueno, pues una vez convencido de que la idea es mía: ya no tengo ningún reparo en hacer una entrada igual, pues la que me ha copiado ha sido ella. Ya sé que algún malpensado creerá que es una excusa para disimular mi falta de inspiración, pero, a esa acusación, no pienso contestar. Sería darle carta de naturaleza.

Bueno pues estas son mis lecturas de enero:

Identidades asesinas, de Amin Maalouf, ensayo.- Este libro pretende explicarnos la locura que hace que la humanidad se mate entre sí, como decían los viejos carlistas: por dios, por la patria y por el rey. Vamos, por la religión, la lengua o cualquier otro modo de asociación. Lo cierto es que el libro está lleno de obviedades. Resumiendo mucho, viene a decir que se evitarían esas identidades asesinas si todos asumiéramos nuestras múltiples identidades y no dejáramos que unas prevalecieran sobre otras. Si eres musulmán y vives en Europa, asume las dos identidades, que ninguna de las dos es destructiva per se. Es decir: cultura, cultura y cultura. Pero claro, como se inculca eso en una cabeza cuadrada. Desde luego no con un libro como éste.

El francotirador paciente, de Arturo Pérez-Reverte, novela.- La última novela del Reverte. Buena, como todas las suyas (Con Reverte como con Sabina, a la mierda la objetividad). Con la excusa del mundo del grafiti, nos cuenta una historia de falsos azares, trama cuasi detectivesca, venganzas agazapadas y un final que puede sorprender o no, pero que al final dices: es que tenía que ser.

Cuentos prohibidos, de D.H. Lawrence, cuentos.- Se trata de cinco cuentos, cinco, al puro estilo de D.H. Lawrence. No sé si fueron escritos antes o después de su famosa Lady Chatterley, pero de alguna forma o la preconiza o se han caído de ella. El cuestionamiento de las convenciones sociales, de los roles sexuales estancos forman parte de la trama de todos y cada uno de los cuentos. El paso del tiempo no les ha hecho mucho bien, pero se dejan leer.

El derecho a la pereza, de Paul Lafargue, ensayo.- Un ensayo de este yerno de Karl Marx que sólo por el título, ya merece la pena leerse. Este libro viene incluido en el último disco de Javier Krahe: Las diez de últimas. A mí, que elogie la pereza siempre me parece bien. En este libro se hace desde el punto de vista de la lucha de clases y preconizando ya que la superproducción capitalista es un error. Es fácil de leer.

Historia de una Maestra, de Josefina Aldecoa, novela.- Relectura de esta estupenda novela. La protagonista nos cuenta en primera persona sus vicisitudes como maestra en una época convulsa de nuestra historia; la que va de los años veinte al advenimiento de la Segunda República. La lucha entre los que quieren seguir teniendo un pueblo de ignorantes para manipular y los que saben que la única manera de sacudirse las cadenas es mediante la educación y la cultura. Lectura muy recomendable.

La bruja de abril y otros cuentos, de Ray Bradbury, cuentos.- Cuatro pequeños relatos de este autor de ciencia ficción. Una habitación que se ajusta a los pensamientos de sus inquilinos; sirenas de faros que se relacionan con monstruos marinos; tensiones raciales en Marte; brujas que quieren conocer el amor, aunque sea de manera vicaria. Cuatro estupendos cuentos que te dejan pensar un poco. Buena lectura.

El huevo del juicio, de Camilo José Cela, artículos.- Relectura de estos estupendos artículos de don Camilo, el del premio. Aquí nos da una muestra de «las andanzas y malaventuras de mis casi nunca contritos y casi siempre zarandeados personajillos de humo y miseria y oropel». Una forma divertida de acercarse a Cela para aquellos que le cogieron un poco de tirria por sus no siempre bien comprendidas novelas o porque ponen por delante del autor al personaje. Cela siempre es recomendable.

La neurona iconoclasta, de Carmen Rico-Godoy, artículos.- Con Carmen Rico-Godoy tenía una deuda de lectura. Sólo había leído en su día Cómo ser mujer y no morir en el intento, y lo cierto es que ni fu, ni fa. Me pareció un panfleto lleno de tópicos con alguna que otra situación divertida y poco más. Así que cuando vi esta recopilación de artículos me dije que era una buena ocasión de darle una segunda oportunidad. Me equivoqué. Más de lo mismo. Tópicos, humor a cuenta gotas y poco colmillo retorcido, a pesar de que presume de ello. Totalmente prescindible.

Pues estas han sido mis lecturas de enero. Si a alguien le parece mucho ocho libros, que no se asuste. Sólo hay dos novelas no excesivamente largas y el resto son libros que se leen muy bien, con no muchas hojas y que puedes coger y soltar en una guagua, la consulta del médico, o haciendo cola ante cualquier ventanilla.

Voy a ser negro


Alejandro Dumas hizo uso de “negros” para escribir sus obras. Lo más curioso, es que el asunto no era secreto ni desconocido en la sociedad de la época y tanto es así que a Dumas se le conocía en ciertos círculos como “El negro de los negros”.

Tomado del blog: Historias con historia

Pues lo dicho, que voy a ser negro. No, claro que no se trata de un cambio de raza, aunque mi mujer igual lo agradecía. Ella siempre ha tenido la fantasía, creo que no cumplida, de montárselo con un negro y aunque yo le he propuesto en más de una ocasión pintarme entero, ella siempre alega que me faltan centímetros. No sé qué quiere decir, pues yo mido uno ochenta y tres y he visto a muchísimos negros más bajos que yo. Pero bueno, que me desvío del asunto. Digo que voy a ser negro; me refiero a que voy a escribir por cuenta de otra persona que será quien firme el libro. Se trata de unas memorias de un personaje de bastante fama aquí en el archipiélago. No estoy autorizado a decir su nombre, por razones obvias; ni estoy autorizado a dar ningún dato más. Se publicará en una editorial importante y se hará una muy buena distribución en el archipiélago. Y he firmado un contrato con el personaje, no con la editorial; aunque eso sí, la editorial nos ha dado un esquema de como debe ser el libro. Por lo que sé, ese esquema está pactado entre editorial y personaje. He pedido cuatro meses de excedencia en mi trabajo, pues la cosa no me da para más. Quiero decir que lo que voy a ganar me da para estar cuatro meses sin trabajar dedicándome en cuerpo y alma al libro, luego volveré a mi trabajo aunque seguramente quedarán un par de meses más para dar por terminado este encargo.

Ahora viene la parte ética. Se han hartado de aconsejarme que no lo aceptara, que al fin y al cabo se iban a aprovechar de mi trabajo y yo me llevaría la parte más raquítica de las ganancias y ni un solo reconocimiento. Vamos, lo mismo que me viene sucediendo desde hace cuarenta y pico de años. Nada nuevo bajo el sol. Pero con una ventaja, me pagarán por escribir. ¡Ahí es nada! Mi menda lerenda cobrando por juntar letras unas detrás de otras, con alguna coma por aquí, algún que otro punto por allá, varios punto y coma por acullá y muchas tildes. ¿Qué no lo voy a poder firmar? Qué más da. Yo sé que lo habré escrito yo y que cobré por ello. Qué importa que lo firme Miguel Ángel Merino, Benito Manuel Brugera o Luis Felipe Vega.

En cuanto a lo que afecta a este blog, pues supongo que sí, que se va a notar. Escribiré muy poco, casi nada, pues necesitaré toda mi labor creativa para el libro. Si acaso alguna ocurrencia al hilo de lo que vaya leyendo de este personaje. Lo tiene todo escrito en una especie de diario que conforman más de veinte cuadernos, pero no es ese el enfoque que quiere darle, quiere algo menos secuencial. Algo fresco, con idas y venidas de una época a otra, salpicado de anécdotas, pensamientos, lo que pudo haber sido, lo que terminó siendo, etc. Supongo que de ahí podré extraer muchas ideas para mis historias y alguna podré publicar de vez en cuando, aunque lógicamente disfrazando todo de manera que no se pueda saber su procedencia.

Pues nada, este negro se despide con el firme propósito de intentar mantener un número razonable de visitas a vuestros blogs y promete volver, con renovadas ganas y a pleno rendimiento, no más tarde del próximo 1 de julio de 2014.

Los escritos irreverentes (Mark Twain)


Los escritos irreverentes

Hay un rincón (en realidad es una mesa) en mi librería favorita, donde se muestran algunas joyas literarias editadas por pequeñas editoriales con muy buen gusto: Impedimenta, Navona, Brosquil, etc. En esa mesa puedes encontrar pequeñas antologías poéticas; relatos breves; novelas cortas; ensayos biográficos; artículos; escritos curiosos; etc., todos ellos de escritores que podemos encuadrar dentro de la categoría de clásicos. Pues en esta mesa encontré este delicioso libro de poco más de ciento cincuenta páginas, titulado Los escritos irreverentes y firmado por Mark Twain, autor entre otras obras de: Las aventuras de Tom Sawyer, Huckleberry Finn y Un yanqui en la corte del rey Arturo, y editado por Impedimenta. Este libro consta de tres partes bien diferentes, que sólo tienen en común la temática religiosa.

La primera: Las cartas de Satán desde La Tierra. Se trata de una serie de misivas que Satán envía, a sus amigos los arcángeles, desde La Tierra, donde está en misión de investigación de la raza humana. Como es de suponer, las cartas están llenas de burlas constantes hacia Dios. Se trata de once cartas llenas de humor, sarcasmo y a pesar de todo, mucho sentido común. Las cartas se leen con cara de Risi (gracias Ana), no se te cae la sonrisa de la cara salvo para reír a mandíbula batiente:

«… Es decir, que el ser humano, igual que nosotros, los inmortales, sitúa la relación sexual muy por encima del resto de los placeres, ¡pero la ha dejado fuera del Cielo! La sola idea del sexo le excita; la oportunidad de practicarlo lo enloquece. En semejante estado es capaz de arriesgar la vida, el honor, todo – hasta ese Cielo suyo tan peculiar – para aprovechar la ocasión de alcanzar el clímax. Desde la juventud hasta la mediana edad, hombre y mujeres aprecian la cópula por encima de todos los demás placeres juntos, pero sucede lo que os vengo diciendo: no lo han incluido en el Cielo, donde la oración ocupa su lugar.»

La segunda: Los apuntes de la familia de Adán. Se trata de fragmentos de los diarios de Matusalén, Eva y Sem. Narra algunos pasajes bíblicos contados por estos personajes, con el mismo sentido del humor. En el caso de Matusalén, aprovecha para tratar el asunto del diluvio (qué también trata en las cartas de Satán) con mucho ingenio. Con Eva aprovecha para hablar sobre las primeras sensaciones que aprendió el hombre. Eva se denomina a sí misma y a Adán como científicos y van descubriendo poco a poco las distintas leyes de la naturaleza. Hay un pasaje hilarante sobre como les llega la leche a las vacas. El diario de Sem es para mi gusto el más flojo de todos, seguramente porque como se indica en el prólogo, Twain lo dejó sin terminar. Pretendía servirse de este diario para hacer una sátira del diluvio, pero eso lo resolvió ya en las cartas de Satán. Lean un fragmento de la Autobiografía de Eva:

«Nuestro primer hallazgo científico memorable fue la ley según la cual el agua y los fluidos semejantes caen cuesta abajo y no cuesta arriba. Fue Adán quien lo descubrió. Pasó días y días haciendo sus experimentos en secreto, sin decirme nada, pues quería estar absolutamente seguro antes de hablar. Yo sabía que su intelecto colosal estaba trastornado por algo de gran importancia, porque su reposo era intranquilo y se agitaba mucho al dormir…»

Y la tercera y última parte: Carta desde el cielo. Se trata de una carta que un ángel funcionario dirige a un empresario carbonero poniéndole al día sobre su contabilidad moral. Es una auténtica joya de carta, escrita con un divertido estilo funcionarial. No cuento nada porque me parece mejor llegar a ella sin ningún dato previo.

En definitiva, un divertido libro para regalar o regalarse lectura en estas fechas, sin caer en la tan inmensa como ridícula lista de best seller de cada año.

Nota: Al ir a registrarlo en mi biblioteca, me acabo de dar cuenta de que está editado en 2010, así que a lo mejor no es tan fácil conseguirlo, aunque hoy en día, con internet, casi todo está localizable.

Sabina vs Ussía (Otra tontá)


Sabina

Joaquín Sabina y Alfonso Ussía, han mantenido una guerra de declaraciones, escritas o habladas, que no digo yo que fuera como aquellas de Góngora y Quevedo y el «yo te untaré mis obras con tocino, porque no me las muerdas gongorilla» , pero que han tenido sus momentos de esplendor, sobre todo con el magnífico soneto que le dedicó Sabina a Ussía, con tanto ingenio como mala baba. Ussía tachó a Sabina de ramplón, ordinario, cursi, pelma oficial, tópico, bobo y sin estética. A lo que contestó Sabina, verso por verso:

¿Ramplón? ¿No es esa la autobiografía
de un lameculos a un borbón pegado?
¿ordinario? Su pluma de lenguado,
y cursi, ¿no es sinónimo de Ussía?

¿Pelma oficial?, la caspa de su seda,
¿tópica?, su halitosis perfumada,
¿boba?, su sopa, rancia, su cruzada,
buen gusto,…¿usted?…don Mendo no se hereda

¿Esteti…cualo?…Chatín, más le vale,
antes de sus eructos semanales,
lustrarse los colmillos con lejía.

Deploro que se pudra usted de celos
viéndome derrochar (sírvanse frías)
las gracias que no quiso darle el cielo.

Por si alguien no lo sabe, Ussía es un monárquico declarado que además, él o su padre o ambos, no lo tengo muy claro, estuvieron al servicio de don Juan de Borbón, padre del actual rey. Y en cuanto a la mención a don Mendo, el autor de esta fabulosa e hilarante comedia fue el abuelo materno de Ussía, don Pedro Muñoz Seca. Y respecto del último terceto, no tengo más remedio que estar en desacuerdo con Sabina. El terceto es buenísimo, pero incierto. Para mí, Alfonso Ussía, junto al fallecido Jaime Campmany (derechosos ambos, qué se le va a hacer) es uno de los mejores poetas satíricos de la actualidad, además de un afanoso recopilador de poesía satírica y humorística. Si tienen oportunidad no se pierdan sus libros: “Coñones del reino de España” y “Bohemios y malvados”. Los dos son recopilaciones de poesía satírica española.

Estos dos anduvieron a la greña durante bastante tiempo, pero cuando Sabina tuvo el percance (gatillazo, lo llama con mucho arte Ussía Sabina) de quedarse sin voz en un concierto en Gijón, Alfonso Ussía escribió lo siguiente:

Ussía“Con Joaquín Sabina he librado toda suerte de batallas y trifulcas. Le he dado y me las ha devuelto, y viceversa. Jamás ni el uno ni el otro ha acudido a los tribunales. Somos partidarios de las justas literarias, no de la querella maricona que exige una indemnización para financiar la barbacoa en el chalé. Creo sinceramente que Sabina está más obsesionado conmigo que al revés, pero es un juicio de valor nacido de la subjetividad. Con mi persona de por medio, siempre soy parcial a mi favor. Lo que está claro es que los enemigos no aparecen de la nada. Sabina me lee y yo le oigo, y también lo leo. Y nos hemos acostumbrado a atizarnos sin misericordia. Pero lo cortés no quita lo valiente […] Cuando dio el gatillazo en Gijón, lo sentí de veras. Y aplaudí su justificación en versos. La quiebra de la voz de un artista en un escenario es siempre una impertinencia de la vida. Pero he sabido de su recital de Madrid, y del éxito que cosechó. Para alcanzar el éxito hay que ser valiente. Un cantante que pierde la voz en un sitio y a las pocas semanas se presenta en Madrid es como el torero que hace el paseíllo en Las Ventas isidriles con la herida de la cornada sin cicatrizar. […] Me alegré al saber que todo ha salido bien. Y que cantó sin que la voz se le quebrara decenas de sus canciones. Uno se valora, sobre todo, por la calidad artística e intelectual de sus enemigos. Les exijo valentía, calidad y talento. Y no quiero perderlos por circunstancias ajenas a mi intención. Enhorabuena, Sabina.”

Tras este artículo, el cantante ubetense escribió en Interviú:

“Para don Alfonso Ussía
esta mano que es la mía.”

Y terminó la fiesta. ¡Qué tontá!

OTRAS TONTÁS:

Un paseo por la filmografía infantil, por Territorio sin dueño.

Adivinanzas, por Mis queridas personas.

¡La tontá! por AVernolandia’s blog.

Las Tontás: Bruce Springsteen, por Blogueando de mi vida.

Tontás, por Diario de una familia con adolescentes.

Juanito Valderrama, por Escribir por afición.

Tontás: Episodio III, por La boticaria desquiciada.

Katherine Hepburn: La leyenda (Tontás), por La puerta deshecha.

Otro 11 más, de la mano de Yeste Lima, por Letras derramadas.

Fijando la mirada en Austria, Mis ideas cotidianas.

Tontás: se atrevió a bailar… diferente, por Non perfect, El blog imperfecto.

Las tontás III – Isabel la ¿Católica?, por El sitio de mi recreo.

Carta de naturaleza


La última tumbaA ver cómo escribo esto sin parecer medio bobo; que ya tendría mérito, de todas maneras, para un bobo integral como yo.

Pues nada, por derecho y sin florituras. El pasado viernes asistí a la presentación del libro: «La última tumba», del escritor canario Alexis Ravelo. La primera grata sorpresa fue que al llegar al lugar del evento, el escritor, que como buen anfitrión, estaba en la puerta recibiendo y saludando a los que íbamos llegando, me recibió con un: «Hola Miguel». Esto, que puede parecer trivial, para mí no lo es. Conocí en persona a Alexis Ravelo en la pasada Feria del libro de Las Palmas de Gran Canaria, cuando el escritor cruzaba a toda leche por el Parque de San Telmo, donde se ubica dicha feria, para llegar a la estación de guaguas y coger una para el aeropuerto, ya que se iba a Bilbao a participar en algún ciclo de novela negra. Como días antes me había dejado un comentario en su blog que daba a entender que ya nos conocíamos, lo paré sin cortarme un pelo y le pedí aclaración sobre ese punto. Resultó que no, que me había confundido con otra persona, pero me resultó un tío simpático y agradable, que me atendió con las lógicas prisas, pero amable y cordial. Luego hemos tenido algún que otro contacto en Facebook y a través de su blog. Y ese es todo mi conocimiento personal de Alexis Ravelo. Así que como comprenderán, que con estos antecedentes, un tío que está en la presentación de su libro con más éxito mediático, se dirija a ti por tu nombre, dice mucho a su favor.

La presentación, a cargo del profesor Emilio González Deniz, fue un buen rato pasado entre gente de mal vivir que le gusta la literatura. Hubo muy buen humor, anécdotas, buenas lecciones (para una esponja como yo), preguntas y respuestas. Todo en un ambiente muy ameno y distendido. Se notaba que era un grupo (amplio) de amigos. Tal es así, que Alexis tuvo que darnos el toque, por la hora, para advertirnos de que si queríamos que nos rayara nuestro ejemplar había que espabilar y empezar ya con las firmas. Y ahí vino la segunda sorpresa.La última tumba

Cuando llegué con mi ejemplar a la mesa, volvió a saludarme y me preguntó: «¿Cómo se llaman los dos tunantes esos tuyos?». Yo por un momento no sabía lo que me preguntaba y medio balbuceé que a qué se refería. «Si hombre, esos dos personajes tuyos que hablan de libros». Y entonces recordé que efectivamente, Juan el «gamba» y Luis el «pordiosero» habían conversado una botella hablando de «La última tumba» y que Alexis lo había leído porque para eso me encargué yo de mencionarlo en Facebook. Y se marcó esta dedicatoria que ven aquí, a la derecha.

Y aquí viene la justificación del título. Hasta ahora, Juan el «gamba» y Luis el «pordiosero», eran dos indocumentados personajes de mi invención que jugaban a la crítica literaria y que ya tuvieron su primer reconocimiento por parte de un autor. Pero la verdadera carta de naturaleza como críticos, se la otorga el hecho de que un autor, laureado, como Alexis Ravelo, considere necesario hacerles un guiño en esta dedicatoria. Ahí hay un tío que dice ¡ay, cuidado! no menospreciemos a estos dos, no vaya a ser que en la próxima crítica no salga tan bien parado. Y el respeto (miedo, sin ambages), es muy bonito, pero es imprescindible para poder ser considerado un crítico.

Y ahora, más en serio aun: ¡Gracias Alexis por esta alternativa!

 

Bocados sabrosos 3 (agridulces quizás)


Bocados sabrosos 3

Hace unos meses decidí participar en concursos literarios con algunos de mis relatos. Uno siempre va buscando otros juicios y otras opiniones. En ninguno de los cuatro o cinco concursos a los que envié mis relatos obtuve ningún tipo de pronunciamiento, salvo el acuse de recibo y la aceptación del relato a concurso. En este caso aquella paremia inglesa que dice: no news, good news, se viene abajo y se convierte en todo lo contrario: no news, bad news. Como en todo hay excepciones, también en esto la hubo y me llegaron noticias de uno de los concursos, si no buenas, si gratificantes. Mi relato, un micro relato en realidad, no había quedado ni ganador, ni finalista, pero si había sido seleccionado para formar parte del libro que se iba a editar con una selección de los micro relatos presentados a concurso. Teniendo en cuenta que los micro relatos no podían pasar de un determinado tamaño, que no recuerdo, pero era bastante raquítico, para editar un libro hacían falta al menos quinientos de ellos. No me equivoqué por muchos y el libro contiene algo más de cuatrocientos cincuenta. Según la organización, estos han sido seleccionados de los más de mil que recibieron a concurso. Uno, que para inflar el ego no necesita mucho, hizo estas cuentas: un ganador, nueve finalistas y el resto en pie de igualdad. Mi relato puede ser el once como el cuatrocientos cincuenta y tres. Así que decido que el once. A ver quien me lo discute. Hasta aquí la parte gratificante de estos bocados sabrosos. Pasemos a la parte agridulce.

El libro, Bocados sabrosos 3, se imprime y se pone a la venta a través de la editorial Acen (Asociación cultural de escritores noveles) y entre sus objetivos está donar los beneficios de la venta a una obra benéfica. Hasta aquí todo muy bonito y loable. Por supuesto que compré mi ejemplar (12 € más gastos de envío, precio bastante razonable) y me dispuse a devorarlo. Cuatrocientos cincuenta micro relatos de escritores noveles como yo y mi obra ahí, negro sobre blanco en un libro con su ISBN y todo. Caminando a tres palmos del suelo.

Abandono

Sí, se trata de uno de mis relatos publicados en el blog, el más pequeño de todos, después de un proceso de jibarización para adaptarlo a las condiciones del concurso. Hasta aquí todo normal y satisfactorio. El problema vino cuando empecé a leer el resto de relatos y me encontré con un libro absolutamente descuidado. Con relatos duplicados con apenas una palabra o una frase diferente; relatos mal escritos, sin tildes; con evidentes errores de sintaxis; etc., etc., etc. Vamos que no han hecho ni el más mínimo trabajo de corrección y edición y mucho menos de selección y se han limitado a maquetar los relatos y mandarlos a imprimir. Lo cual me lleva a pensar que han impreso todos los que les llegaron, sin un mínimo análisis, sin comprobar si estaban repetidos, cosa que probablemente ocurrió porque los concursantes lo enviaron dos veces por error o por deseo de modificación o por la causa que fuera.

En definitiva, la alegría de verme publicado, va acompañada de la tristeza de haberlo sido de manera tan burda y poco cuidada. Dice el adagio racista, pero ilustrativo, que los gitanos no quieren buenos principios. A ese clavo me agarro aunque me abrase las manos.

La última tumba, de Alexis Ravelo (Conversando una botella)


La última tumba

Era fácil pasarse los días entre el próximo bar y el último camello, entre la primera mamada y la tercera resaca, entre la quinta bronca y el penúltimo tirón.

Juan el gamba se acercó al banco donde dormitaba Luis el pordiosero. Llevaba en la mano una botella de vino de El Monte, sin etiqueta y un trozo de queso semicurado de San Mateo.

– ¿Qué Luis, conversamos esta botella?

– Vino sin etiqueta, bueno ha de ser para que tú lo traigas.

– Es de la bodega de un amigo mío, lo hace para él y algunos amigos entre los que tengo la fortuna de encontrarme.

– Pues eso se merece un buen libro entonces. ¿De qué libro me quieres hablar hoy?

– De uno que seguro que no has leído porque está «acabaíto» de sacar del chinchorro. ¿Conoces a Alexis Ravelo?

– Alguna vez lo he visto pasar por aquí presumiendo de calva. Y sí, he leído, con cierto interés y provecho los cuatro libros de la saga de Monroy. ¿Ha sacado ya el quinto?

– Pues no, no se trata de Monroy. Acabo de leerme «La última tumba», la nueva novela de Alexis Ravelo y la verdad que me ha dejado muy buen sabor de boca. Le han concedido Ha ganado el premio de novela negra «Ciudad de Getafe».

– Pues si es novela negra, será Monroy con otro nombre. Tipo leído, sabido y pedantuelo, con novia librera.

– ¡Coño, Luis, no te reconozco! Tú prejuzgando. Pues te equivocas, en lo único que coincide con las de Monroy es en el escenario: la isla de Gran Canaria. Pero es normal, no la va a situar en Solana del Valle, que sólo existe en este blog. Pero te aseguro que tanto el personaje principal, como los que le rodean, son menos estereotipados que los de la saga de Monroy, que tampoco lo eran tanto. Y la historia es bastante creíble y bien llevada. Te va sorprendiendo a medida que avanza, donde nada es lo que parece y resulta que lo que parece es lo que debiera ser en una novela de este tipo. Y el protagonista, un cabrón sin paliativos, te cae hasta bien el muy hijo de puta. Yonqui, chapero, chulo, matón y condenado por asesino, lo único que no había sido. Y te cae bien.

– Lo atractivo del lado oscuro, ahora que acaba de morir Lou Reed. Pero seguro que se acostumbró a leer en la cárcel y lo va soltando por la novela.

– Vale, algo de eso hay, pero muy poquita cosa. En cuanto a lo de lo atractivo del lado oscuro, pues no lo creo. En mi caso, al menos, creo que me cae bien por su brutal sinceridad. Y en esa sinceridad hay cierta ética, no exenta de cierta estética. Y un tío así, es un cabrón porque cayó de ese lado, pero si hubiera caído del otro…

– No me estás contando nada de la historia.

– Es que cualquier cosa que te cuente la puede echar a perder. Te diré que trata de un marginado que se ha comido más de veinte años de trullo por un crimen que no cometió y cuando sale del Salto del Negro, su idea fija es averiguar por qué y quién y tomarse cumplida venganza, pero sin prisas.

– Me la tendrás que prestar entonces. Ya me has metido el gusanillo.

– Pues si te la presto, te contaré el final, por cobrarte el arrendamiento. Te aseguro que es inesperado, aunque ineluctable, que diría un pedante como yo.

– Parece paradójico. Pues a la espera quedo. Por cierto, se ha terminado la botella y el queso.

– Habrá otra ocasión, que hay muchos buenos libros.

No, no puede ser. Tengo que ir a por el último de ellos. Hay que alimentar a los gusanos de esa última tumba. Si por hacerlo resulta que me busco la ruina y no puedo huir, da exactamente igual.

Escribir es vivir (José Luis Sampedro)


Escribir es vivir

Antes de cualquier otra consideración sobre el libro. ¡Qué gozada!

Se trata de un curso magistral impartido en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, sobre el autor y su obra, y llevado a libro por su esposa: Olga Lucas, que además fue su ayudante durante el curso.

La condición sencilla y humana de José Luis Sampedro y las condiciones particulares que concurrieron en ese curso (su mujer y ayudante había sido operada de un cáncer de mama pocos días antes de empezar el curso, lo que casi obliga a suspenderlo), hicieron del mismo algo para no olvidar, según propias palabras de Olga Lucas, y tuvieron la buena idea de volcarlo en un libro para que nos llegue un poco de aquella magia a todos los que no estuvimos allí.

El libro está, además de lleno de sabiduría, salpicado de anécdotas sobre la vida del autor, su obra, como se concibieron sus distintos libros, su afán por la documentación, etc. Como digo al principio de la entrada, una gozada. Escrito con el estilo sencillo y claro de José Luis Sampedro, sin afectaciones ni ideas alambicadas. Llaneza, sabiduría, pedagogía y buen humor, a pesar de que la procesión iría por dentro.

Como la cabra tira «p’al» monte, no me puedo resistir a dejar constancia de su sentido del humor. José Luis Sampedro fue senador por designación real en la primera legislatura de esta nuestra cada vez más maltrecha democracia. Estando en una deliberación de la comisión en la que se estaba redactando la Constitución, se planteó la propuesta de que dos ayuntamientos pudieran asociarse, constituirse en uno solo, a condición de que fueran limítrofes entre sí. El profesor Sampedro enseguida se dio cuenta de la redundancia y le pasó una nota al presidente, pidiéndole que quitara el «entre sí» porque es la única manera de ser limítrofes. La nota decía así:

En ese artículo oí

que para la agregación

han de ser, por condición,

limítrofes entre sí.

¡Tate!, dije para mí,

ripio diabólico es

que, al ser limítrofes, pues

por fuerza son entre sí.

Porque jamás concebí

que un hombre y una mujer

amor pudiesen hacer

ella en Lugo y él aquí:

que, si ha de haber himeneo

en sus formas naturales,

deben los… corresponsales

gozar de limitrofeo.

Del mismo modo, o así

lo limítrofe, sin ripios,

obliga a los municipios

a estar juntios entre sí.

Retírese pues, de ahí,

esa expresión redundante:

quedará más elegante

aquí y en Valladolid

(o en Valladolid y aquí).

Ni que decir tiene que la propuesta fue aprobada por unanimidad y entre aplausos.

Ravelo vs Pérez-Reverte


El martes pasado me hice con dos nuevos títulos, en la Librería Sueños de Papel, de la tetralogía de Eladio Monroy, personaje magnífico de Alexis Ravelo. Ya había leído «Tres funerales para Eladio Monroy» que fue la primera novela y la que despertó mi interés por seguir ahondando en el personaje. Ahora acabo de leer «Sólo los muertos», segunda entrega de la serie, todas editadas por Anroart, y dentro de unos días daré buena cuenta de «Morir despacio», cuarta de momento. Ya me haré con «Los tipos duros no leen poesía».

Lo cierto es que cuando un personaje con esta fuerza te atrapa, al menos a mí me ocurre que, tiendo a identificar al personaje con el autor, sobre todo en lo que respecta a las opiniones. Por supuesto que luego soy consiciente de que no necesariamente es así. Siempre se aporta experiencia propia a los personajes, principales y secundarios, pero no necesariamente autobiografía.  O no sólamente autobigrafía.

Todo este preámbulo no tiene otro objeto que el de llevarme a donde realmente quería ir desde un principio, que es a un párrafo concreto de «Sólo los muertos»:

Terminó de leer la lista y se sintió aún peor, porque el individuo había empezado a caerle bien. No había ningún Follet, ningún Pérez-Reverte, ningún Dan Brown en la lista.

De este párrafo podría deducirse que los tres autores citados no son del gusto de Eladio Monroy. Y de este párrafo, según lo leí, extraje yo que no son del agrado de Alexis Ravelo, lo cual puede ser mucho extraer, por supuesto. Detuve un poco la lectura y me puse a pensar en una curiosa paradoja o en aquello de: la cuña del mismo palo es la que más aprieta. Me explico. Fue leer este párrafo y empezar a encontrar similitudes entre Eladio Monroy y Diego Alatriste. Veamos:

Ambos tienen ya una cierta edad, que les ha hecho acumular experiencia y estar un poco de vuelta de muchas cosas. Lo cual no les impide ir por la vida pisando charcos y cayendo como pardillos en las intrigas de otros.

Ambos tienen un aire chulesco pelín repelente (Alatriste más), pelín atractivo (Monroy más).

Los dos tienen un trato de cierto colegueo con la autoridad, aunque les gusta dejarlos un poco en evidencia. Tensan la cuerda hasta el límite y si se rompe, siempre paga el poli.

Ambos son leales a machamartillo, lo cual no les impide poner en peligro a sus amigos. Y éstos no ven el peligro. Seguro que porque no se han leído ninguna entrega.

Ambos cuentan también con la lealtad, cuasi incondicional, de sus amigos.

Los dos tienen una ética muy apañada a sus necesidades. Por ejemplo: Saben utilizar la violencia cuando lo estiman oportuno y sin embargo odian la violencia gratuita. Claro que son ellos mismos quienes determinan que violencia es necesaria y cual gratuita. Con un criterio bastante empático, todo hay que decirlo.

Los dos tienen un trato con sus mujeres, a veces heróico, a veces misógino. Curiosamente, éstas se mueren por sus huesos. ¡Mujeres!

Ambos tienen una cultura literaria por encima de lo que se podría esperar de su currículo. Uno se codea con los mejores libros, el otro directamente con el Siglo de Oro. Alatriste es más prepotente. Monroy tiene una amante librera.

Por último en lo que no hay color y Eladio Monroy le gana por goleada a Diego Alatriste, es en el sentido del humor. Alatriste es un «caraesquina» y desde que le puso cara Vigo Mortensen (genial), más «caraesquina» aun.

Después de estas consideraciones, lo siguiente que me vino al magín fue la estrofa aquella del bolero: Que tan sólo se odia lo querido.  

Ya. Por supuesto que utilizar aquí el verbo odiar es mear fuera del tiesto. Pero ¿quién le pone la camisa de fuerza a la loca de la casa?

Ambos forman ya parte de mi galería de personajes literarios, que es amplia, aunque no excesiva. No voy a decir que los dos son lectura imprescindible, porque el otro día compré «La historia de la filosofía» de Julián Marías, reeditada por Revista de Occidente en 1970 y aun estaba intonso, pero que las aventuras de ambos son lectura agradable y amena, eso sí lo digo urbi et orbi.

Para dejar constancia


El manuscrito de piedra

Los asiduos de este blog recordarán mi entrada sobre el libro: «El manuscrito de nieve» de Luis García Jambrina, al que debido al comentario del autor del libro en dicha entrada, le siguió esta otra: «Cateto«. Como consecuencia de estas dos entradas y de mi poca vergüenza, el autor prometió enviarme un ejemplar dedicado de otro libro suyo: «El manuscrito de piedra» y la imagen de arriba es la constatación del cumplimiento de esa promesa.

Puesto que esta cuestión se dirimió en público, en público debe cerrarse.

Aprovecho para decir que ha publicado en Ediciones B una nueva novela «En tierra de lobos». Ésta hay que comprarla, pero seguro que valdrá la pena. El primero que la lea que la comente en su blog.