Archive for the ‘Migueleando’ Category

¡Gracias Nupaní!


nupaní

Pues sí. La mitad de lo mejor de mí, luciendo un hermoso fular de Nupaní. Que conste que la modelo posa gratis. No hay dinero en el mundo para pagarle.

¡Gracias Dolega! ¡Gracias jurado de las “tontás”! ¡Gracias Nupaní!

Daniel

La otra mitad. No luce nada de Nupaní, pero a lo mejor tiene pelusilla si ve la foto de la hermana y no la suya.

 

No hay quinto malo


En un principio fue la farsa del mundo, la pura representación, la época en que los hombres se movían sin verse, sólo para que los vieran los demás.

La Noria, Camilo José Cela

Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.
  En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.
  «¡Oh!», dijo el borrico,
«¡qué bien sé tocar!
¡y dirán que es mala
la música asnal!».

Tomás de Iriarte

Pues eso; que no hay quinto malo; que hasta el burro hizo sonar la flauta y que he tenido que pillar una bacteria y perder más de diez kilos, en una pura representación teatral, para que el jurado (ilustre jurado, diría yo), decidiera que ya era hora de quitarse la presión de un tipejo tocando los dídimos día sí y día también, y que por tanto era hora de declararle ganador de la “Tontá” de turno. Como uno es de buena cuna, mi agradecimiento total y sincero a todos los miembros (en realidad miembras, pues Chema salió corriendo para no tener que asistir a un escándalo de estas características) del jurado. Este honor pasa ya a formar parte de mi currículo como escritor y no dudo que será la llave que abra puertas editoriales por doquier. Eso sí, seguro que la responsabilidad que adquiero al recibir este premio hará que, de ahora en adelante, mi pluma sea más exigente y se vea impelida, si no a mejorar su calidad, que el que hace lo que puede a nada más está obligado, sí a mantener una dignidad acorde al honor del premio.

¡Muchas gracias!

¿Está Juanito? Se ponga (la tontá)


– ¿Es la Zarzuela? ¿Está Juanito? Se ponga.

– …

– ¿Cómo que qué Juanito? El “encargao”, el marido de la Sofi. De parte de Miguelito, él ya sabe. Venga, espero.

Yo es que le llamo Juanito porque somos compañeros de caza. Pues anda que no le gusta pegar tiros ni nada. Primero empezamos yendo a la perdiz, luego a la liebre, más tarde al rebeco y ahora al elefante. Un día le pregunté: Juanito, ¿por qué cada vez te gusta tirarle a animales más grandes? Y el me contestó con mucha guasa: ¡Ay Miguelito, la vista ya no es la que era!¡Bah! La que se lió cuando nos fuimos a Boswana. Por cierto, ese elefante lo tumbé yo, pero me pidió por favor hacerse la foto y ¿le vas a decir que no a un rey? Lo que no entiendo es como se fastidió la cadera, porque trabajar, trabajó poco. Igual la traía tocada de algún salto del tigre; en palacio no, desde luego, pues allí las camas tienen dosel y no llegas abajo.

– …

– Sí señorita, sigo aquí esperando. No se preocupe, estoy llamando a cobro revertido.

Que me va a salir una pasta dice la telefonista. A ver si se piensa que soy tonto; yo compro en Media Mark. Le estoy llamando para ver como ha ido lo de la hija. Siete horas declarando es mucho declarar. Si yo cuando me declaré a mi Angelita estuve tres minutos seguidos hablando y se me hizo eterno; figúrense siete horas. Y menos mal que no ha tenido que hacerlo con una rodilla en tierra y una rosa en la mano, que eso cansa más. Claro que siete horas de “no sé”; “no me acuerdo”; “lo desconozco”; “eso lo lleva mi marido”, también es más “cansao” que matar un cochino a besos. Y mira que se lo advertí a Juanito cuando me dijo que la niña se casaba con ese del balonmano. Juanito: ese te va a traer problemas. Que un tío que se gana la vida con las manos sólo puede ser tahúr o prestidigitador. Y le salió ambas dos cosas. Es que la gente piensa que por ser rey ya está todo resuelto, pero tiene los mismos problemas que tú o que yo. Por ejemplo: casar a las hijas. Que no las puedes casar alegremente con otros príncipes, que nadie sabe quien es hijo de quien y luego resultan hermanos y te salen los hijos tontos como… Bueno, bueno, no hace falta poner ejemplos, que los hay dolorosamente cercanos. Esperen un momento…

– Señorita ¿me va poner ya? que esto parece una conferencia de cuando la posguerra. ¿Usted le ha dicho que soy yo?

– …

¡Ah! Que está en una presentación de credenciales del cuerpo diplomático; haberlo dicho antes. Pues nada, no le moleste. Ya le llamo más tarde. Y si  no, le hago una perdida al móvil.

No me gusta llamarlo al móvil porque se piensa que es algo grave y es capaz de dejar colgados a los diplomáticos. ¡Menudo es Juanito para sus amigos! Si es que el pobre se pasa el día trabajando. Y ahora más, que se ha separado. ¡Qué sí, que se ha separado! Si no, por qué iba a tener que pasarle una pensión a la mujer y otro a la nuera. Por cierto, lo de pasarle pensiones alimenticias a las hijas políticas deber ser una ley nueva, esto antes no se usaba, espero que mi hijo no se case nunca. Pues lo que les decía, que no es fácil casar a las hijas. Es que él ha hecho pleno. Le han salido rana, en vez de príncipe, dos de dos. Y la del hijo tampoco es que sea una primitiva de seis. Chiquita y menuda, pero tiene cara de convertirse en bruja piruja a las primeras de cambio. Lo que me tiene contado Juanito a mí en nuestras jornadas de cacería. Pero no lo puedo compartir, compréndanlo, son confidencias de compañeros de armas. ¡Gracias y buenas noches!

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Por supuesto que esta “tontá” es un humilde, cariñoso y más que atrevido e insensato homenaje a ese genio del humor que fue (y sigue siendo mientras se le recuerde) Miguel Gila.

OTRAS “TONTÁS”

Tontás, por Yeste Lima

No hay quinto malo, por La boticaria desquiciada

Buster Keaton: un amigo fiel, por La puerta deshecha

Llegó el 11 de nuevo y como siempre, de la mano de Yeste Lima, por Letras derramadas

Una tontá Nobel de literatura, por Non Perfect.

Que todo en la vida es cine…Las Tontás V, por Territorio sin dueño

Las Tontás V: Mafalda de QUINO, por Blogueando de mi vida

Tontás (y ya llevo tres), por Diario de una con adolescentes

La trilogía del dólar, por Escribir por afición

Sergio Dalma, por Mejor será que corras

Derek Paravichini, mi Tontá, por Mis ideas cotidianas

¿Decíamos ayer?


No. Eso sería si retomase la rutina del blog como si nada y pasara por alto los días sin escribir, que son más que los días sin publicar. Pero lo cierto es que esta puñetera gastroenteritis aguda, que está en un tris de convertirse en crónica, me está dejando sin ganas, sin ideas y sin kilos (esta parte no es la peor).

Me he propuesto que como muy tarde, vuelva a publicar una entrada el próximo día once, con una nueva entrega de “las tontás”. Espero que el jurado valore el esfuerzo y a los puntos conseguidos por mi habitual buen hacer, se le sumen algunos extras por el esfuerzo realizado. Ya sé que estas cosas no deberían decirse, pero es que este jurado me ha dado muchas muestras de su insensibilidad y llueve sobre mojado.

– ¿Usted cree que, ese llueve sobre mojado, viene muy a cuento?

– Pues bien mirado quizás no, pero dicho queda.

– Eso sí, ya usted ve.

En cuanto a mis visitas a los demás blogs, las hago. Pocas y casi todas en silencio, pues el ánimo no me da ni para comentar, pero las hago. Espero que en cuanto recupere la flora intestinal recupere las ganas de leer también, pues ya se sabe que: barriguita llena corazón contento.

– No está muy afortunado hoy con los dichos y refranes.

– Pues no. Le reconozco que no, pero alguna licencia se puede tomar un convaleciente, ¿no cree usted?

– Sí, por supuesto. No se conquistó Zamora en una hora.

– ¡Ahí le ha “dao”!

A pesar de todo, cincuenta y siete


Cada veinticinco de enero y desde hace ya cincuenta y siete años, vengo cumpliendo con el rito de celebrar el aniversario de mi nacimiento; para mí, lo más importante que ha ocurrido en el siglo XX. Algunas de estas celebraciones las recuerdo nítidamente, en cambio otras, están totalmente olvidadas. El hecho de recordar mas o menos no siempre está relacionado con la cercanía o lejanía en el tiempo, aunque es un factor importante, qué duda cabe.

Una cosa que supe muy pronto, a los seis o siete años, fue que la iglesia católica celebraba el mismo día la conversión del Apóstol San Pablo. Nunca una caída individual, tuvo tantas consecuencias para la humanidad, ni siquiera la caída por la ventana (en realidad lo cayeron) de aquel Archiduque en Sarajevo que fue la disculpa para la Primera Guerra Mundial. Lo curioso, lo sorprendente, lo quizás inexplicable es, que dándose en el mismo día, del mismo mes, tan prodigiosa coincidencia: por un lado, la decisiva Conversión de Saulo de Tarso en el Apóstol Pablo y por otro, el nacimiento de un aspirante a Papa (al final quedó en Papabobo, pero eso aún no se sabía) como era yo, a pesar digo de esa coincidencia, la iglesia Católica no consideró que ambos hechos, cada uno por su lado, pero sobre todo, los dos juntos, eran motivo mas que suficiente, no sólo para declarar el día veinticinco de enero como Fiesta de Guardar, sino para que incluso se ofrecieran indulgencias plenarias para todo aquél que escuchara devotamente una misa cantada en ese día. No negaré que este hecho es uno de los motivos de que mi relación actual con Roma no atraviese su mejor momento (que es una eufemística forma de decir que no existe tal relación), a pesar de que sé de buena tinta que el actual Sumo Pontífice: Francisco, ha dado instrucciones para intentar un acercamiento. A pesar de las muestras de buen hacer que viene dando, mucha carne tendrá que poner en el asador para hacerme olvidar casi dos mil años de injusticias con Pablo y cincuenta y un siete años (gracias Inma), no menos importantes, de injusticias conmigo. Claro que tratándose de un argentino, igual no ha de poner tanta carne, sólo buena y bien hecha, aderezada con una buena salsa chimichurri.

Otra cosa que aprendí pronto: mi signo del zodiaco. Pásmense, soy Acuario. Muchos pensarán, vaya tontería, yo no creo en esas cosas. Vale, individualmente nadie cree en esas cosas, salvo honrosas excepciones. Yo tampoco, que conste. Pero qué importa que yo no crea, los demás si creen. Me refiero a los demás colectivamente, no uno por uno. No hay periódico, radio, televisión, etc., que no tenga su sección de Horóscopo; y si ellos publican es porque nosotros leemos; y si lo leemos se nos queda en el coco, lo creamos o no. Ahí se queda, como los mensajes subliminales, que no nos enteramos, pero bebemos Coca Cola. Así que en cuanto digo que soy Acuario, mi interlocutor sin darse cuenta, enseguida piensa en mí de aquesta bella manera:

Los acuarios tienen una personalidad fuerte y atractiva. Hay dos tipos de acuarios: uno es tímido, sensible, y paciente. El otro tipo de acuario es exuberante, vivo y puede llegar a esconder las profundidades de su personalidad debajo de un aire frívolo. Ambos tipos de acuario tienen una fuerza de convicción y de la verdad muy fuerte y son tan honestos que saben cambiar sus opiniones si aparecen pruebas que muestran lo contrario de lo que pensaban antes. Los acuarios son capaces de ver los dos lados de un argumento por lo que son uno de los signos más tolerantes y sin prejuicios de todo el zodiaco. Están abiertos a la verdad y dispuestos a aprender de todos.

Un acuario es humano, sincero, refinado e idealista. Saben ser perseverantes y expresarse con razón, moderación y, a veces, humor. Casi todos los acuarios son inteligentes, claros y lógicos. Muchos son imaginativos y psíquicos. A veces sienten la necesidad de retirarse del mundo para meditar o pensar. Se niegan a seguir la multitud.

¿Qué me dicen ahora? ¿Vale o no vale la pena ser Acuario?

Otro día les seguiré contando cosas relacionadas con mi nacimiento, a lo mejor a los cincuenta y ocho o quizás antes. No lo sé. Eso sí, en el momento en que se produzca un cambio significativo en mis relaciones con la cúpula católica, se lo haré saber.

¡Palabra de acuario!

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Me apetecía hacer una entrada sobre mi cumpleaños, pero la puñetera gastroenteritis me tiene hecho una ruina. Ni leo, ni escribo, ni como, ni bebo y de folgar no hablo que me echo a llorar. Así que como uno tiene unos años ya de blog, siempre se puede encontrar algo escrito antaño que sirva, con pequeños retoques, para hogaño. Este el es caso de esta entrada, que fue escrita cuando cumplí cincuenta y un años y que hoy, seis años después y remozada, vuelvo a publicar.

Sepan vuesas mercedes disculpar la felonía.

Don Fidel Daquestaguisa


– Buenos días, Don Fidel.

– Buenos días señor escribidor.

– ¿Es cierto, Don Fidel, que presume usted de haberle sido siempre fiel a su señora esposa?

– No señor, no es cierto.

– Ya me parecía a mí, treinta y pico años de fidelidad son demasiados.

– No se me equivoque señor escribidor. Lo que no es cierto, es que presuma de ello, que ser fiel, si que lo he sido, lo soy y lo seré.

– ¿Y como así, en los tiempos que corren?

– Los tiempos, ni corren, ni andan, se limitan a pasar y dejar su huella. En cuanto a lo otro, pues ya usted ve. Un poco por definición, el nombre marca, un poco por convicción, no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti, y un mucho por miedo.

– Explíqueme lo del miedo.

– Pues muy sencillo. Se lo explico. Mi parienta, cuando se enfada, se pone muy guapa, pero guapa, guapa, de hacerle un hijo por lo civil y otro por lo criminal, vamos.

– Pues menos lo entiendo aun.

– No se precipite, joven, no se precipite. Le decía que a mi mujer enfadada, se le sube el guapo. Pero cuando se encabrona, se pone hecha una fiera, una fiera corrupia, por mejor señalamiento. Y no se por qué, me da en la nariz que si le adornara la frente, no se iba a enfadar, sino que más bien se encabronaría. De ahí mis miedos.

– De todas formas, no tiene porque enterarse.

– Mire señor escribidor, dos cositas. Usted no conoce a mi mujer. Esa se entera hasta de lo que no ha ocurrido aun. Y por otro lado, si tengo una aventura con una tía buena, porque si no, no la tengo, y resulta que no lo puedo contar, pues ya me dirá usted dónde está la gracia.

– De acuerdo, pero ¿qué podría hacer?

– A ver si se lo muestro de una manera gráfica. Una vez, para la boda de una amiga suya, mi santa se compró un traje en una boutique de esas exclusivas, de esas que te dan los buenos días y te miras la cartera con desconfianza. Vamos, tres mil quinientos euros y tres avemarías. Llegó el día de la boda y al entrar en la iglesia, que mira que le tengo dicho que no entre en según que sitios, al entrar en la iglesia y en el mismo banco que la colocaron a ella, una rubia pechugona con el mismo traje. Yo miré para mi señora pensando que se me desmayaba allí mismo. Pues no señor. Aguantó impertérrita (coño con la palabreja) toda la ceremonia, las fotos, eso sí, procurando no coincidir en ninguna con la rubia pechugona, y la celebración. Cuando llegamos a casa, se quitó el traje, cogió del cesto de la costura las tijeras y metió en una cajita de zapatos tres mil quinientos euros de confeti. Confeti que luego lanzamos el día de San Roque al paso de la procesión. ¿Le ha quedado claro mi miedo, señor escribidor?

– Cristalino, Don Fidel.

– Pues ¡ea!

Y la vida continúa…


2

El reloj y el calendario son maquinitas de no mucha confianza ni precisión, pero tampoco tenemos otras que mejor nos valgan y la conformidad -recuérdese- es una de las más ciertas señales de la sabiduría.

El huevo del juicio, Camilo José Cela

…otros llegarán. Gente viene, gente va. Se quedan un rato y siguen su camino, que no es el tuyo aunque por un tiempo lo fue. Quien único recorre completo tu camino eres tú mismo.

– ¿Va a usted a algún lugar?

– ¿Por qué? ¿Me quiere acompañar? Le advierto que ya lo está haciendo.

– Digo que si este divague le lleva a algún sitio.

– Espero que no, no estoy para caminatas.

Pero la gente que te acompaña algún trecho es la que le da vida a ese camino. Le pone la sal y la pimienta; el almíbar o el acíbar; la rosa y las…

– Piensa seguir enumerando elementos metafóricos.

– Pues a usted no sé como catalogarlo. Bueno, sí; se me acaba de ocurrir: mosca cojonera.1

– Reconozca al menos que no ha estado original.

– Todo lo que le falta de originalidad, le sobra de rigor.

Pues eso, que los caminos se andan, a veces solo, a veces en compañía de otros y, cada vez que alguien abandona tu camino, o te deja un suspiro de alivio (las menos), o te planta dos lagrimones en las cada vez más abultadas y ojerosas bolsas de los ojos (las más). Ambas cosas son buenas y te dan vida. Lo que mata es la indiferencia.

¡Buena suerte y buen viaje!